La marcha fue estruendosa, exitosa, gracias a la persistencia de millones de ciudadanos que se niegan a permitir que Colombia quede reducida a caprichos de Santos y Timochenko.     

En los últimos meses viene creciendo la indignación y rabia contra el presidente Juan Manuel Santos, quien en un acto sin precedentes en la vida republicana y democrática de Colombia, desconoció y burló en complicidad con la Corte Constitucional y el Congreso de la República, el triunfo del NO en el plebiscito. Grave precedente.

El desarrollo de los hechos posplebiscitario ha permitido ratificar que los argumentos  de la campaña del NO fueron ciertos, alertaron y quedaron como constancia histórica de lo que ahora está pasando con la implementación del acuerdo de paz rechazado en las urnas. Solo se necesita repasar el exabrupto que cometen los congresistas semana tras semana, donde sin ningún reparo, aprueban actos legislativos, leyes y cuanta arandela legislativa se le antoje a Santos y a las Farc a través del mecanismo ilegal e ilegitimo del “Fast Track”. Sin profundizar en el “Frankenstein” de la Jurisdicción Especial para la Paz, tema que merece debate aparte y cuantas veces sea necesario.

Ya demostramos que podemos vencerlos en las urnas, ya demostramos que teníamos la razón, ya demostramos que tenemos capacidad de movilización: la pregunta que debemos hacernos es: ¿Y ahora qué?  

Lo primero que debemos tener claro es que no podemos convertirnos en la versión colombiana de la Mesa de Unidad Democrática (coalición de partidos políticos de Venezuela que hacen oposición al chavismo), que tiene entre sus activos un centenar de marchas multitudinarias pero desaciertos al momento de enfrentar las elecciones presidenciales. La tarea inmediata que deberían asumir Álvaro Uribe Vélez, Francisco Santos, Alejandro Ordoñez, Marta Lucia Ramírez, el expresidente Andrés Pastrana, y Jaime Castro Castro, es la construcción de una alianza, mesa, cruzada, unidad -como se le prefiera llamar-, que permita agrupar a los millones de colombianos que estamos dispuestos a seguir defendiendo la Democracia, la Constituciòn e Institucionalidad, agrietada y en peligro de colapsar.

El debate político y democrático puede y debe seguir dándose en las calles, con marchas, plantones o movilizaciones de rechazo sistemático, pero no podemos perder el norte de las cosas y la esencia y objetivo de la política: la conquista del poder. Este reducido grupo de personas que acabó de nombrar deben desarrollar los protocolos y garantías que permita seleccionar el candidato presidencial para enfrentar la primera vuelta del 2018 y ganar las elecciones. Sino avanzamos en esta compleja pero urgente tarea, las marchas, esfuerzos electorales y cualquiera otra actividad democrática que adelantemos será en vano. Es perentorio enviar este mensaje de unidad y de esperanza. No hacerlo, es permitir que las guerras internas del Centro Democrático se agudicen y que involucren otros precandidatos como Alejandro Ordoñez.

Esta mesa de unidad también debe definir el mecanismo para canalizar los más de seis millones de colombianos que rechazan el cogobierno de Santos y Timochenko, y la labor legislativa de la Unidad Nacional, para consolidar propuesta de lista interpartidista al interior del Centro Democrático que permita la representación congresional de otros sectores democráticos afines al uribismo inmersos por ahora en otros partidos políticos que al final terminan cometiendo el pecado de la lenteja o la mermelada.

Si se diera este paso y se deponen egos y vanidades, esta lista interpartidista del Centro Democrático sería arrasadora en las elecciones legislativas del mes de marzo del 2018; sería la lista al Senado más votada en la historia electoral de Colombia con más de cuatro millones de votantes y jalonaría las listas regionales de cámara de representantes: no solo necesitamos ganar la Presidencia, también requerimos tener mayorías en el congreso.

@LaureanoTirado