Desde el inicio del gobierno de Mauricio Macri, y de sus intentos de corregir el rumbo económico sin duros ajustes,  existe una fuerte tensión entre el Banco Central, comandado por Federico Sturzenegger, y la línea más política de Cambiemos que no quiere saber nada con tomar medidas que puedan generar complicaciones con el electorado, a pesar de que se sigan postergando las soluciones de fondo y se complique aún más la problemática fiscal.

De esta manera comenzó una política monetaria firme, para intentar contener a la inflación, pero se mantuvo una postura fiscal laxa, para evitar cuestionamientos políticos. La apuesta era recibir inversiones de envergadura y crecer rápidamente, mientras por medio de la deuda se cubriría el rojo temporario. El problema es que los grandes capitales hasta el momento no han llegado y el crecimiento económico está por debajo de lo necesario como para que la estrategia gradualista sin dolores de cabeza funcione.

La política monetaria y el manejo de la variable de las tasas para frenar la inflación en simultáneo con el déficit fiscal y el endeudamiento prendió algunas alarmas que hasta ayer fueron ignoradas.

El más claro ejemplo de esto fue la crítica de Ricardo López Murphy que anticipaba la inviabilidad de estas dos políticas yendo en distinta dirección. Ya el 19 de mayo, hace más de medio año, el PanAm Post publicaba un artículo donde Murphy resaltaba que no se pueden mantener metas “duras” en el Banco Central mientras que son “blandas” en materia fiscal y de gasto público.

El gobierno argentino no hizo caso hasta que la realidad los pasó por encima. Ayer el titular del Banco Central, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el ministro de Finanzas, Luis Caputo, brindaron una conferencia de prensa para decir, en resumidas cuentas, “López Murphy tenía razón”, aunque claro, con otras palabras y sin nombrar al economista que les advirtió a tiempo.

Ante la disyuntiva de corregir una de las dos variables, Macri y Peña decidieron por “relajar” la meta de inflación, que era de entre un 8 % y 12 % y pasa ahora a ser del 15 %. La imagen en la conferencia del titular del Central junto a los ministros “políticos” blanqueando esta situación terminó de aniquilar el mito de una posible independencia del monopolio monetario argentino del Gobierno. Ni siquiera el kirchnerismo, que saqueó el Banco Central y que lo usó como financista, dejando un control de cambios y una inflación galopante, se animó a semejante foto.

PANAMPOST