Edurne Uriarte es catedrática de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, y anteriormente lo fue de la Universidad del País Vasco. Columnista en varios diarios del país ibérico, acaba de presentar el libro Diez razones para ser de derechas, editado por Almuzara. PanAm Post se ha sentado a hablar con Uriarte para conocer los ingredientes centrales de su nuevo libro.

Diez razones para ser de derechas… ¿Por ejemplo?

Por ejemplo, la defensa esencial de la libertad. En la diferenciación clave entre izquierda y derecha parece claro que la izquierda defiende la igualdad y la derecha lalibertad. El problema de otorgarle primacía a la igualdad es que implica un presupuesto peligroso: ata todo a los condicionamientos sociales, mira hacia atrás, liga todo a la trayectoria. La libertad, sin embargo, mira adelante. Por encima de los condicionamientos sociales, mira hacia adelante, confía en la autonomía personal para buscar su felicidad y cumplir sus objetivos.

¿La izquierda vive anclada en el pasado, obsesionada con lo que somos en vez de con lo que podemos ser?

La izquierda piensa en lo que te ha condicionado, la derecha cree en lo que puedes lograr. Esa es la clave. Pero en el lenguaje político de Occidente se plantean las cosas al revés. La izquierda ha impuesto una visión opuesta a la realidad. Se presenta como garante de “progreso”, de futuro. En realidad, toda su concepción se basa en el pasado.

¿Por eso está en crisis la izquierda política de Occidente?

En los países democráticos estamos viendo una fuerte crisis de la izquierda, en gran medida porque sus recetas contra la crisis económica se están demostrando ineficientes e inútiles. El ideal del socialismo se ha destruido por completo y el siglo XXI exige otros modelos de gestión.

La izquierda promovió en el siglo XX la idea de que el Estado no tenía límites. Podía crecer sin límite, sin freno. Los partidos socialdemócratas abandonaron la utopía comunista, pero en gran medida seguían manteniendo su fe ciega en el Estado, corregido y matizado respecto a su versión totalitaria, pero en cualquier caso en continua expansión. Y ahora, en el siglo XXI, vemos que ni la economía ni la sociedad pueden asumir esa ilusión, que resulta costosa y empobrecedora. ¿Qué le queda ahora a la izquierda? Nada, porque han defendido el estatismo a capa y caída y ahora se enfrentan con la realidad.

En el plano social y cultural, la ventaja de la derecha no está tan clara. Por ejemplo, el feminismo de izquierdas está en boca de todos. ¿Qué respuesta da la derecha?

El feminismo de derechas es igualitario, es decir, aboga por un plano equitativo para hombre y mujer, sin discriminación positiva ni negativa. La derecha debe estar en esta batalla, no puede permitir que la izquierda se apropie del feminismo, porque ese discurso aspira a representar a la mitad de la población. Durante mucho tiempo, pensé que el feminismo no era útil para la derecha moderna, porque es un plano dominado por la izquierda. Pero, con los años, me he dado cuenta de que es importante volver a las raíces. La idea original del feminismo, la propuesta verdadera del feminismo, es de raíz liberal y tiene toda cabida en la derecha.

Me preocupa la caza de brujas populista que alienta el feminismo de izquierdas que impulsa buena parte de las quejas del movimiento “Me too”. Se alienta a la denuncia pública de todo tipo de conductas privadas, sin considerar en absoluto la presunción de inocencia… En cuanto a la “brecha salarial”, hay que tener claro que lo que nos debería preocupar es una mujer que cobra menos que un hombre por hacer el mismo trabajo, con la misma trayectoria y la misma experiencia. Cuando se habla de una diferencia de ingresos del 15% o 20%, hay que tener en cuenta que esos datos no incluyen factores como las horas trabajadas. Sí hay casos reales que debemos denunciar, pero no podemos mentir, no podemos caer en el populismo.

El feminismo debe poner en un primer término la responsabilidad individual, la responsabilidad de las mujeres. Hay que denunciar aquello que queremos cambiar, pero no podemos esperar que el Estado arregle todo, hay que hacer un esfuerzo y plantear una cultura del esfuerzo y de la superación, no una cultura de la queja. La victimización constante nos aleja del liderazgo. Las mujeres no podemos aceptar que se nos presente como niñas, como personas sin capacidad para tomar decisiones.

Otra de las banderas en las que se envuelve la izquierda es la de la diversidad sexual. ¿Qué discurso tiene la derecha?

Hay mayor libertad de pensamiento en la derecha. Hay menos dogmas, hay más variedad intelectual, caben más formas de entender la vida. La derecha, por lo general, acepta que cada uno haga con su dinero y su vida lo que le de la gana. Existe, eso sí, la idea de que la izquierda respeta más a los homosexuales. No hace falta irnos a las dictaduras comunistas, donde se perseguía a los gays. Me quedo en los países democráticos, porque en todos ellos vemos que tanto la izquierda como la derecha aceptan la diversidad sexual. La derecha en España sí se equivocó oponiéndose al matrimonio, pero ya ha rectificado esa posición. Lo mismo ha ocurrido en el resto de Occidente. La lideresa conservadora de Edimburgo, por ejemplo, es lesbiana y está teniendo un tremendo éxito.

Fuente: Panampost