Grandes fajos de billetes de 100. La hiperinflación es una de las aristas de la enorme crisis económica en Venezuela. (800N)

El Gobierno de Nicolás Maduro terminó teniéndole mucho que agradecer a las elecciones de gobernadores que convocó para este 15 de octubre. No por los resultados electorales, fraguados, que la mayor parte del país (incluyendo muchos en el propio chavismo, in pectore) consideran que constituyen un gigantesco fraude, que en su momento le estallará (será imposible ocultar una marramucia de esta magnitud por mucho tiempo); sí, sin embargo, porque las elecciones sirvieron de anestesia a la brutal crisis económica que puede derivar en un nuevo estallido social, cuyas razones, como en 2016, en ocasión del retiro del billete de 100 bolívares (hoy suspendida para siempre) no son políticas, sino económicas.

Entre septiembre (39,1 %, según los datos de Ecoanalítica) y los 20 días que van de octubre, la inflación ha dado un salto tan grande en Venezuela que ha licuado lo poco que quedaba de poder adquisitivo del salario de los trabajadores venezolanos, y también de sus empresarios.

Hoy, un sueldo mínimo, ubicado en 325 mil bolívares, equivale a 9 dólares, o a unos 6 euros, al tipo de cambio de “Dólar Today”, o el “dólar criminal”, como lo cataloga Nicolás Maduro, quien, aparentemente, no ve, o no quiere explicar, que la verdadera razón de la subida del dólar es que, según cifras del propio Banco Central de Venezuela, en el mes previo al 6 de octubre (última cifra disponible dada por el emisor) la liquidez monetaria subió 30 %; en el año previo hasta esa fecha, la variación es de 580 %.

La irresponsabilidad de Maduro, y del equipo económico que lo acompaña es de tal magnitud, que puede, incluso, jactarse, de no haber tocado el gasto público (un gasto público que es deficitario, según algunos economistas, en 20 puntos del Producto Interno Bruto), mientras cada mes le mete la mano en el bolsillo a los venezolanos para robarles el 40 % de sus ingresos; y al tiempo, acusa a Estados Unidos o a los pocos empresarios venezolanos que aún quedan. Es la versión presidencial de “al ladrón, al ladrón”, que el chavismo lleva ejecutando desde 2009 para no mostrar las dos verdades fundamentales de la economía venezolana:

  1. El socialismo no funciona en ningún país ni en ningún tiempo de la historia;
  2. Mucho menos, si se combina con una cleptocracia como la madurista, que ha devenido en una corporación criminal que se lucra de la miseria de los venezolanos, mientras los mantiene como rehenes.

La trampajaula de la deuda

Este mes, el Gobierno de Maduro debe pagar casi 4 mil millones de dólares en deuda externa, de la cual, cerca de la mitad es deuda correspondiente a Pdvsa: 842 millones de dólares este 27 de octubre, y USD $1.122 millones que tendrá que cancelar el 2 de noviembre. Sin excusas, porque estas acreencias no tienen plazo de gracia. Además, tiene que cancelar unos USD $900 millones repartidos entre octubre, noviembre y diciembre en deuda soberana.

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Está claro que el Gobierno, en este momento, no tiene cómo cancelar esas acreencias, salvo que someta al país al saqueo de sus reservas de oro en el Banco Central de Venezuela, lo que, obviamente, produciría la pérdida total de respaldo del bolívar, y la hiperinflación.

Superó el enorme pico de pagos de abril-mayo de este año con un apretón que todavía soportamos los venezolanos, y aparentemente, no tiene mejor idea que seguir asfixiando al país, sometiéndolo al horror, solo porque no quiere reconocer que lleva 18 años equivocando el rumbo.

En la semana previa a las elecciones, Pdvsa (es decir, a fin de cuentas, el Estado venezolano, su único accionista), incumplió un pequeño pago de deuda por 349 millones de dólares, según señaló CNN; el 27 de octubre tiene pendiente otro pago de USD $842 millones, y el 2 de noviembre, otro por 1.100 millones de dólares.

Los bonos que vencen dentro de una semana exacta, adicionalmente, tienen el colateral de una participación accionaria en Citgo Holding, por lo cual podría haber actores intentando provocar la caída en default de estos bonos para meter mano al gigante petrolero propiedad de Pdvsa en Estados Unidos.

Venezuela se encuentra, entonces, en el umbral de una reestructuración no ordenada de su deuda, con las graves consecuencias que esto implica. Para fin de año, aún le queda un pago de intereses de deuda externa de la República por un monto cercano a los USD $500 millones.

Los activos

Después de casi ahogarse en un mar de petrodólares entre 2004 y 2012, al día de hoy, las reservas internacionales, según el Banco Central, se ubican en 10.011 millones de dólares, más 3 millones de dólares del Fondo de Estabilización Macroeconómica. La última información disponible, de cierre de agosto, de Interamerican Trends colocaba las reservas líquidas (aquellas de las que puede disponer inmediatamente el Estado venezolano) en apenas 203 millones de dólares. En aquel momento, los activos totales en divisas del BCV se acercaban a USD $12 millardos.

En Venezuela, luego de la gira de Nicolás Maduro por Rusia, Bielorrusia y Turquía, en la primera semana de octubre, se especulaba con que ambos países (en realidad, Maduro, para hacerse campaña electoral) iban a anunciar un préstamo ruso a Venezuela por 6.000 millones de dólares, con lo cual Venezuela iba a poder atender todos sus compromisos de este año y garantizar una Navidad menos complicada al sufrido pueblo venezolano.

Sin embargo, las elecciones regionales pasaron y el anuncio no se hizo. Rusia está enfrentando su propia crisis económica, la recepción a Maduro en el Kremlin distó mucho de ser cálida, como se comentó posteriormente, y el país cada vez tiene un crédito más deteriorado, no solo en los mercados del mundo libre, sino entre los países a los que el mandatario venezolano considera sus aliados. China, de hecho, ha mostrado una actitud de estudiada distancia con respecto al Gobierno de Maduro, al que de palabra continúa apoyando, pero ya no (y de esto hace rato) con su dinero.

Lo que viene

Entre los economistas, empresarios y público en general está muy claro que todas las privaciones que hemos vivido los venezolanos continuarán en ascenso. El Fondo Monetario Internacional prevé una inflación de 2.349 % durante el próximo año, luego de que este año, según el mismo multilateral, cierre en 652 %. Todo ello en un ambiente de caída del PIB por cuarto año consecutivo (que puede llegar a un lapso sin precedentes de un lustro de decrecimiento en 2018), y de mayor hambre, miseria y éxodo de los venezolanos.

El Gobierno de Maduro, por tanto, es un problema no solo para sus conciudadanos, que no logran sacudirse, de ninguna manera, una dictadura proterva, que ha demostrado carecer de ningún escrúpulo para sostenerse en el poder. También los países vecinos, y los europeos, sufrirán las consecuencias de esto.

Es tiempo de ser más firmes, incluso, con la casta militar-cívica que pretende chupar la sangre de Venezuela hasta que esta termine de morir.

PANAMPOST