1- Ya La dictadura de Santos es cortante realidad: el No ganó, y él olímpicamente lo ignoró. Pese a que el Acuerdo Final fue rechazado, le hizo algunas adiciones inocuas, con escogidas y mutiladas propuestas del No, como quien le da placebo al enfermo con septicemia, lo presentó cínicamente a modo de “otro” Acuerdo, y provisto de esa divisa mentirosa lo hizo refrendar del emasculado congreso, forzándolo a apropiarse de la democracia participativa, de la cual solo es titular el pueblo soberano… No satisfecho con esos atropellos dictatoriales al 81.77% que no apoyó el Acuerdo Final, y por medio del desvergonzado cabildeo del exMinistro Reyes, le exigió a la CC avalar el “fast track”, medio abreviado de implementar un acuerdo jurídicamente inexistente, puesto que, el “otro” Acuerdo, es el mismo Acuerdo rechazado apenas revestido de inofensivos pegotes de pomada para quemaduras. Y rebasó la copa torciendo a la CC, al constreñirla a sentenciar que la refrendación popular debía entenderse, no solo en términos de democracia representativa sino de democracia participativa.

2- Un congreso eunuco firmando sin chistar todo lo que reciba de la Presidencia avalado por la Comisión de Seguimiento…; una Corte Constitucional, dizque la defensora de la integridad y supremacía de la Constitución, excediendo sus atribuciones al endosarle la democracia participativa -que es solo del pueblo-, a un congreso que abdicó su oficio legislativo en el Presidente…; una magistrada del Concejo de Estado pagándole contratos familiares a Santos, declarando nulo el plebiscito, y ordenándole simultáneamente al congreso implementar un Acuerdo Final jurídicamente inexistente porque fue rechazado…; una Comisión de Seguimiento integrada por el comunista Sergio Jaramillo, dos funcionarios del Gobierno y tres miembros de las Farc, es decir, el Presidente emitiendo leyes hombro a hombro con las Farc…; y unas exorbitantes y omnímodas facultades legislativas otorgadas ciegamente a Santos…, integran el arsenal idóneo para implementar el Acuerdo Final, que es por poco el mismo Acuerdo rechazado, pues, el “otro” Acuerdo fue fabricado con idénticos contenidos. Si se listan el uno y el otro y se contrastan, se hallarán todos los asuntos rechazados copiados textualmente en el “otro” Acuerdo Final, firmado en el Colón.

3- A estos fallos políticos y no jurídicos de la Corte Constitucional, y del Concejo de Estado, y a las extralimitaciones del congreso al refrendar un Acuerdo Final que solo podía refrendar el pueblo soberano, e implementar un Acuerdo Final inexistente porque fue rechazado, hay que añadir que Juan Manuel Santos compró, y por lo tanto se adueño de los tres poderes, acabando con su independencia y sus facultades para contener los desbordamientos recíprocos. Es por eso que el principio de separación de poderes se marchitó durante este Gobierno, pues, es sabido -Jesus Pérez González -Rubio-, “que la separación de poderes gira alrededor de la idea de que quien hace las leyes no las ejecuta y quien las ejecuta no las hace, y quien dirime los conflictos entre los ciudadanos y entre éstos y el Estado es una institución diferente, que ni hace las leyes ni las ejecuta. Asimismo que los hombres extienden su poder hasta donde encuentren un dique que los frene pues todo el que tiene Poder tiende a abusar de él. Quien tiene el Poder absoluto abusa en forma absoluta”. Todo esto explica la barbaridad que nos rige hoy en Colombia: Santos hace las leyes y las ejecuta; y las ejecuta y las hace; y por eso, al tener un poder absoluto, abusa de él absolutamente.

4- El comunista golpe de Estado fue sigilosa y largamente planeado por Enrique y Juan Manuel Santos, y construido pacientemente en la carpintería o serrería de La Unión Nacional, De La Calle, Jaramillo, Cristo, Santiago, Leyva, la cúpula de las FFAA, Corte Constitucional, magistrada del Concejo de Estado, y enmermelada gran prensa. Por eso hoy nadie niega que las fuerzas marxistas, leninistas, castro- chavistas, se hallan enquistadas en la epidermis, dermis e hipodermis del Estado, y que el secretariado en la sombra empieza a salir del closet… Que la Corte Constitucional se haya tropezado con el a.5°, que debió haber declarado constitucional o inconstitucional, y que pese a no haberlo hecho se prevalió de él para darle vía libre al “fast Track”, sin el requisito de la refrendación popular…; que la señora magistrada en seis días haya declaro culpable al No, y nulo el plebiscito, y haya escrito 110 páginas para invadir los predios de la Corte Constitucional, y que el senador Benedetti le haya contado con anticipación a Telesur que el fallo sería contrario al No, son hechos que no ocurren al azar, sin orden y planeamiento. Santos no es bueno para nada, salvo para tramar traiciones y comprar poderes.

5- La Corte Constitucional no suplanta la Carta prevalida de sus sentencias concordantes con el estilo felón y traicionero del Presidente, sin cerciorarse antes de que ese hecho se corresponda real e integralmente con las directrices trazadas por Santos; el congreso no rehuye el debate y pupitrea las leyes guillotinando previamente a la oposición, sin confirmar con antelación de que ese suceso sea compatible con los maquiavélicos presupuestos políticos de Santos; la señora magistrada no prevarica abiertamente metiéndose en reyertas jurídicas que no son suyas, sin percatarse anticipadamente de que el valor de su sentencia anulando el plebiscito y declarando culpable al No, sea por lo menos igual al importe de los contratos obtenidos por su familia del Estado; el a.5° condiciona la vigencia del “fast track”, a la refrendación popular -del pueblo- del Acuerdo Final, y la Corte Constitucional entonces decide complacer a Santos, resolviendo que la inane refrendación hecha por el congreso cumple ese precepto legal, pasándose así por la faja el triunfo del No, es decir, burlando e ignorando al constituyente primario, y asimismo soslayando el expreso mandato político del pueblo al Presidente Santos, cual es, presentar un nuevo Acuerdo, igualmente refrendado por la democracia participativa.

6- Si en el fondo del proceso de paz no subyaciese el torticero golpe de Estado, y si Santos y las Farc actuasen precedidos de un genuino espíritu de paz, habrían aprovechado el triunfo del No, para demostrarle al país y al mundo su verdadero talante democrático, pues, los resultados naturales de unas elecciones son las pérdidas o las ganancias; por eso el que triunfa exhibe discretamente su victoria, y el vencido reconoce con grandeza su derrota. Aquí, ocurrió lo contrario: Santos perdió y debió renunciar, pero, proclive al marxismo, leninismo y castro-chavismo, se autoproclamó dictador. Abuso de la nobleza del No, mutiló olímpicamente sus propuestas, las insertó a medias en el Acuerdo rechazado, el cual cínicamente presentó como el “otro” Acuerdo, y le inoculó a la paz el virus de la ilegitimidad jurídica y política, exponiendo a las Farc, que ya no tienen 27 años para regresar al monte, a ser pedidas por Trump acusadas de narcotraficantes, y de no haber sido condenadas a pagar mínimamente penas de reclusión efectiva por sus delitos atroces. Asimismo le creó al país la contingencia de ser sancionado comercialmente por Trump, por consagrar el narcotráfico como delito político, y por permitir que las hectáreas sembradas de coca llegasen a 250.000, y las toneladas exportadas de cocaína se arrimasen a las 1.000.

 

 

@sebastianalcalalibro
Gerardo Jurado ciro
gerardojuradociro@gmail.com