Cuando a un venezolano se le ordena su persecución los aeropuertos no son la mejor opción para salir, sin embargo, en el país ha crecido un “equipo de extracción” que está formado por civiles y militares que ayuda a los perseguidos políticos a recuperar su libertad.

Pensar contrarreloj, empacar un bolso con pertenencias, encomendarse a Dios y vivir una “aventura” peliculesca es parte de lo que enfrentan los perseguidos políticos para salir de Venezuela.

Hay casos de huidas de funcionarios que “traicionaron” al régimen de Nicolás Maduro, y hay otros casos que simplemente se enmarcan en buscar una libertad que la dictadura les arrebató solo por ser disidentes o por exigir respeto a la Constitución.

En el país suramericano hay más de 7.000 personas con medidas restrictivas de libertad, personas que no están del todo libres, ya que no pueden viajar, manifestarse, escribir en las redes sociales o, simplemente, entablar denuncias. Ante esta situación, son cientos los perseguidos políticos que han decidio dejar su país a costa de lo que sea.

Disfrazados de religiosos, en bote o a pie, algunos venezolanos han logrado huir de la persecución; y ahora desde otras fronteras decidieron emprender una “lucha” contra la dictadura de Nicolás Maduro. A continuación, algunos de los casos.

Ayuda militar

El más reciente caso es el del alcalde Antonio Ledezma, quien por más de 1.000 días fue preso político en Venezuela. Una vez salió del país confesó que para escapar de las ataduras de la dictadura contó con la ayuda de “militares inconformes”. Dijo que huyó por tierra y logró pasar al menos 30 puntos de control de la guardia y la Policía Nacional en su recorrido por las carreteras del país.

El opositor cuenta que a “diez pasos” de conseguir la libertad una mujer lo identificó, pero un guardia le dijo: “Pase y siga su lucha”. No fue hasta que consiguió entrar en territorio colombiano que se sintió a salvo.

Acualmente, Ledezma cuenta con la protección del Gobierno de España, pero se conoció que para su fuga contó con la ayuda de Andrés Pastrana, expresidente de Colombia.

En lancha

Otro caso es el de la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, quien huyó del régimen de Nicolás Maduro luego de manifestar su rechazo al golpe de Estado emprendido por el Tribunal Supremo de Justicia y tras una orden de captura en su contra.

Ortega, junto a su esposo Germán Ferrer, salieron en lancha rápida desde la Península de Paraguaná en Venezuela, hacia Aruba y posteriormente abordó un avión con destino a Bogotá en Colombia. La fiscal actualmente cuenta con la protección del Gobierno de Juan Manuel Santos.

Disfrazado

El alcalde venezolano, David Smolansky, quien también tiene una orden de captura en su contra, logró salir de su país vestido como religioso.

Contó que su huida no fue improvisada y que ya había estudiado al menos siete rutas de salida durante los días que estuvo en la clandestinidad.

Para salir del territorio venezolano se afeitó la barba, se puso anteojos y decidió actuar como religioso con acento colombiano. Tuvo que dar explicaciones en la frontera con Brasil: “Soy seminarista y quiero ayudar a gente que no tiene comida”. Un guardia le contestó: “Eso es muy importante, aquí está faltando mucho la comida”.

Smolansky informó que contó con la ayuda del canciller brasileño Aloysio Nunes.

Equipos de extracción

Para conocer más detalles de las curiosas salidas de perseguidos políticos desde Venezuela, PanAm Post contactó al expreso político Salvatore Lucchese y a los magistrados en el exilio Gabriel Calleja y Rafael Antonio Ortega. Todos ellos, contaron con la ayuda de un “equipo de extracción” especializado y con el respaldo incondicional de “personas de buena voluntad”.

En entrevista para PanAm Post, Salvatore Lucchese —quien estuvo preso junto a Leopoldo López en la cárcel de Ramo Verde durante un año se encuentra en el exilio tras existir otra orden de captura en su contra— explicó cómo escapó de la dictadura venezolana:

“No fue muy complejo, pero sí muy traumático, a mí me llamó una persona que me dio 48 horas para que estuviera en San Antonio del Táchira, porque me ayudarían a salir.

Tuve que organizar un operativo de varios carros, unos iban adelante para detectar cada alcabala que íbamos pasando y me iban avisando. Cada punto de control que yo no podía esquivar, tenía que bajarme del vehículo y meterme a través de la maleza y caminar hasta poder pasar la alcabala y volverme a montar en el vehículo.

En esa oportunidad pasamos 43 puntos de control, llegué a San Cristóbal (estado fronterizo con Colombia) después de casi 19 horas, ya que tuve que bajarme del carro en al menos 12 alcabalas.

Me quedé una noche en San Cristóbal y al día siguiente salí para la frontera; allí me guiaron y a través de una trocha (camino de tierra) caminamos y logré llegar a Colombia.

Una vez pisé ese país, pude agradecerle personalmente a la canciller María Ángela Holguín, allí me recibieron y en menos de 12 horas viajé a Estados Unidos.

Nosotros tenemos un buen equipo de extracción que lo pongo a la orden de todos los venezolanos que están perseguidos. Primero se tienen que comunicar con nosotros y nosotros verificamos si son realmente perseguidos políticos.

Tenemos medios relativamente seguros para poder ayudar a nuestros hermanos venezolanos a que salgan de esa pesadilla”.

PANAMPOST