Por: David Santos.

Los recientes señalamientos de Vargas Lleras a través de su columna semanal de El Tiempo, en las que acusa a la administración del gobierno Duque de no anotarse a su favor una sola “obra relevante” en materia de infraestructura, relegándolo a inaugurar las obras adelantadas por gobiernos anteriores, hace gala de interpretaciones políticas que bien pueden expresar su frustración por estar apartado de los asuntos y el poder gubernamental y por no aparecer en la primera fila de las políticas de transporte. Es tal su aparente soberbia que acusa a las declaraciones del Comité de Expertos de infraestructura de no decir nada diferente a lo ya pronunciado por el mismo comité en la gestión Santos hace unos tres años.

Lo cierto es que los avances de la política de transporte intermodal, los proyectos viales de cuarta generación, la transformación de la Súper Intendencia de Transporte y Puertos , la reactivación de la ANI, el involucramiento de entidades estatales y gubernamentales para la consecución de los objetivos en transporte y la participación ciudadana en forma de veedurías, están a la orden del día para dar cuenta de los avances de la gestión del gobierno del presidente Duque que sin repartir centenares de dinero enmermelado se ha anotado logros en esta materia. Hablaremos de infraestructura.

En materia de infraestructura esta gestión se encontró con que 21 de los 30 proyectos de Cuarta Generación iniciados en la era Santos se encontraban en estado incipiente o paralizado, 6 tenían un avance del 35% y 3 presentaban problemas. En agosto de este año el gobierno reportaba que 22 de los proyectos estaban ya en ejecución y cuatro de ellos habían alcanzado el cierre financiero: Mar1, Mar2, Pasto-Rumichaca y Bucaramanga-Barrancabermeja y Yondó.

Aunque Vargas Lleras intente desviar las razones diciendo que basta ya de excusas retrovisoras, lo que a todas luces aparece al ojo de cualquier espectador, es que esta administración recibió en estado para nada alentador los asuntos de infraestructura. Pese a ello el propio Vargas pareciese seguir buscando protagonismo, el cual le fue retirado por los propios colombianos en las pasadas elecciones presidenciales al encontrar en su personalidad rasgos de déspota, soberbio y maltratador. Hambriento de sus viejas y oscuras glorias, el otrora vicepresidente se da prestigio a si mismo diciéndole al gobierno que las obras que éste inaugurará se estructuraron y financiaron bajo su égida.

Haciéndole gala a la imagen que Colombia tiene de él, al parecer al dr. Germán le cuesta reconocer los episodios oscuros de su tan preciada Infraestructura. Un poco de humildad no le caería nada mal.

Otra de las acusaciones de Vargas se refiere a la gestión predial de los espacios por los que pasarán los proyectos sugiriendo a modo de pregunta que el gobierno Duque poco ha adelantado en estas lides y que la expropiación administrativa ha sido exigua. Habría que recordarle que para el tercer trimestre de este año la ANI ya tenía disponible el 75% de la longitud predial requerida para la construcción de las 29 autopistas de cuarta generación y para ciertos proyectos estratégicos ya disponía de las licencias ambientales: es el caso de Bucaramanga-Pamplona y de los accesos del norte de Bogotá.

Es casi seguro que si Vargas formase parte del gobierno, tendría al dedillo más de una excusa para expiar lo que no tiene culpa.

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