Han sido muchas las personalidades del mundo de la política y del derecho, fundamentalmente, que han demostrado o tratado de demostrar la inexistencia de elecciones en Cuba sobre la base de inteligentes y en ocasiones complicados análisis de la realidad política y jurídica cubana, pero en mi opinión, aunque considero aceptadas, muy pocos han abordado con la debida seriedad y sencillez lo que para mí constituye el argumento esencial que hace de las elecciones en Cuba una burda ficción: la falta de libertad, y es sobre esta premisa, que constituye condición sine qua non para la existencia de elecciones, que centraré mi comentario de hoy, fuera de toda retórica y tecnicismo.

En Cuba ni hay ni habrá libertad mientras el dictador Raúl Castro y sus más allegados cómplices hayan abandonado el mundo de los vivos y esto es por una sencilla razón que deviene de un instinto natural de todos los seres humanos, el instinto de autoconservación. Estos dictadores se saben llevar sobre sus hombros el peso de muchos crímenes y el rencor de muchos cubanos que albergan, por la fuerza del terror, en lo más profundo de sus corazones. La libertad es sinónimo de justicia y en una Cuba libre estos asesinos gobernantes serían, sin discusión alguna, enjuiciados y condenados a los confines del infierno, aunque para mí sea insuficiente castigo, para ellos.

¿De qué vale tener a varios nominados para que nos representen, si todos ellos, al igual que sus representados (el pueblo), tienen la voluntad encadenada? Esta realidad la podemos apreciar cada vez con menos disfraces en las desvergonzadas reuniones de rendición de cuentas que realizan los “representantes del pueblo” o delegados del “poder popular”, de su gestión ante los problemas a ellos presentados. Hace algunos años este era por lo general la respuesta que daban los delegados del pueblo a sus electores ante el incumplimiento de las exigencias de estos:

Hoy nuestros representantes delegados se justifican, por lo general de esta manera:” Ya he planteado los problemas a todas las instancias y no he recibido respuesta, no puedo hacer otra cosa.”

Eso es, los representantes no se sienten representantes de nadie y como es lógico, el pueblo no se siente representado por nadie.

Pregunto: ¿Tiene motivación o razón alguna el pueblo cubano para acudir a las urnas? Muchos ni conocen por quienes votan…, total, ninguno representará sus intereses, porque ni los mismos representantes del pueblo tienen los suyos garantizados.

Seguramente se preguntarán: ¿Entonces por qué vemos a la inmensa mayoría del pueblo acudir a las Urnas?

Muy sencillo. El cubano sabe muy bien que al no acudir a las urnas es marcado con el sello indeleble de contrarrevolucionario, mayor delito que puede cometer un Cubano. El cubano sabe que no acudir a las urnas es un acto suicida, para él y su familia. No podrá obtener un buen trabajo y comenzará a presentar problemas en el que tiene, sus hijos asediados en las escuelas, humillados y trucados de la carrera deseada que justamente pudieran obtener, pero sobre todas las cosas, significa morir de hambre, o de lo contrario una cárcel segura. Recuerde usted que la inmensa mayoría de los cubanos sobreviven delinquiendo a causa de sus miserables salarios, y una marca como esta, tendría los ojos de los policías corruptos encima, en espera de la más mínima oportunidad para desterrarlos a una de las incontables cárceles construidas y diseñadas por los dictadores.

Alguien podría pensar: ¡En estas circunstancias al cubano le quedaría la opción de acudir a las urnas, pero no votar por nadie!

Nada de eso, amigo.

Ya les expresé que el cubano carece, literalmente, del más mínimo ápice de libertad, les explico: por ejemplo, en estos momentos se están llevando a cabo las elecciones de los Delegados a las Asambleas Municipales. Precisamente ayer, me encontraba de visita en la casa de un amigo que su padre es presidente del  CDR, y al rato, cuando este hace su entrada, portando en sus manos un bulto de boletas, inmediatamente, después de un informal saludo nos dice: “Ahora tengo que ponerme a repartir estas cien boletas a cada elector.”

Ahora les explicaré cuál es la función de esas aparentemente inofensivas boletas.

Cuando el cubano acude al colegio electoral que le corresponde para ejercer el derecho impuesto de elegir, tiene obligadamente que entregar dicha boleta a un  enviado de confianza de los dictadores el cual tiene ante sí un registro contentivo del nombre de cada elector identificados cada uno, indistintamente, de manera tal que la boleta que le entrega posteriormente donde el ciudadano va a esgrimir su voto, lleva la marca de su identidad. De esta manera los gobernantes saben, perfectamente cómo ha votado cada elector y esto, el cubano lo sabe.

De esta manera, el voto secreto,  necesario para poder calificar a un proceso eleccionario como libre, en Cuba es una falacia. Las elecciones en Cuba, y ténganlo bien presente, no son secretas.

Y así las cosas, la motivación y los mismos procedimientos son los mismos para elegir a los delegados a las Asambleas Provinciales y a los diputados a la Asamblea Nacional. Y por si fuera poco, el pueblo de Cuba no elige directamente a su presidente, para ello están sus representantes diputados que al no ser dueños de sus voluntades, mucho menos pueden representar a nadie.

En fin, en cuba, ni los electores son electores, ni los representantes, lo son. ¿ Puede hablarse entonces de elecciones en Cuba?

Ah, y algo que no puedo dejar de decir, la culpa de toda esta farsa la tiene, nadie más que el mismo pueblo cubano, eso es, cada uno de los cubanos que a sabiendas, siguen el juego inmoral de quienes los esclavizan.

¡Acabemos con esta farsa de una vez y por todas! !Abstengámonos de ser actores de esta inmoral obra de teatro mal llamada elecciones cubanas!  Muchas gracias y hasta la próxima.

PANAMPOST