Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es, hoy por hoy, junto con el presidente Enrique Peña Nieto, el político más famoso de México. Y no es para menos, lleva al menos 18 años ocupando un puesto relevante a nivel nacional en el espectro político mexicano, desde que era presidente del PRD a finales de los 90 y hasta la fecha como líder de MORENA y eterno candidato a la presidencia de la República.

Pero, para efectos prácticos, ¿qué lectura podemos darle a esta situación? ¿La ventaja de AMLO en cuanto a tiempo y posicionamiento es absoluta e inalcanzable.

Su situación mediática

El nivel de conocimiento del que goza en estos momentos lo tienen como puntero en prácticamente cualquier encuesta que pretende identificar las preferencias electorales rumbo al 2018. Para muchos esta es una cuestión ya sin posibilidad de cambiar a estas alturas; la realidad es mucho más compleja.

Si bien esta ventaja hubiera sido determinante hace 12 años, en la actualidad las reglas del juego han cambiado. El uso de las nuevas tecnologías, el mayor alcance que tienen los medios de comunicación, el poder de las redes sociales y la facilidad con la que los errores y escándalos políticos se vuelven virales hacen que una trayectoria política de toda una vida (como la de AMLO) se pueda poner en jaque en cuestión de días, y no es ningún secreto que históricamente el peor enemigo de AMLO es el propio AMLO.

Aunado a esto, él y sus seguidores se niegan a reconocer que la ventaja de apenas entre 4 y 7 puntos porcentuales que posee después de 18 años de exposición mediática y sin ningún contrincante formalmente definido, no se puede tomar tan en serio como ellos pretenden.

Si bien existe un gran sector de la población que cree en él y lo ven como una esperanza de cambio, muchos otros también lo perciben como un político populista cuya agenda política podría representar un retroceso importante en términos sociales y económicos para el país.

La vena priista que no puede ocultar

Andrés Manuel, el eterno combatiente de la “mafia del poder” y del “PRIAN”, es un político que, irónicamente, tuvo sus inicios y su consolidación ideológica justamente dentro del PRI, partido al que no se cansa de señalar como el más corrupto y causa de todas las desgracias que nos azotan como país.

Lejos de reconocerlo abiertamente y justificarlo con un discurso de evolución ideológica, AMLO ha preferido, al más puro estilo priista de antaño, intentar ocultar su pasado oficialista ante los ojos de sus simpatizantes, acusando a aquellos que se atreven a recordarlo como calumniadores y difamadores.

En su sitio web oficial omite por completo cómo por más de una década milito en el PRI y, convenientemente, comienza a detallar sus actividades políticas desde que dio su salto a la que en ese momento pretendía consolidarse como una nueva opción de izquierda, el PRD.

AMLO sigue sin entender que en su sitio web puede modificar y acomodar los hechos a su conveniencia, pero que en el resto de portales no. La tecnología lo ha rebasado y hoy la verdad está al alcance de la mano de cualquier persona con acceso a Internet y un poco de sentido común.

Sin embargo, sus intentos por negar su prolongada y activa militancia en el PRI (llegó incluso a ser dirigente estatal de ese partido) no es tan alarmante como el hecho de que con los mismos mecanismos de censura y victimización pretende negar sus comprobados nexos con el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca, actualmente juzgado por crímenes de narcotráfico y estrechamente relacionado con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

No es de sorprender esta actitud de negación si recordamos que el ahora presidente de MORENA está formado en la más pura escuela priista de antaño; esa que creía en la toma de decisiones y la asignación de candidatos por dedazos, en el clientelismo político como método de organización partidista, en la manipulación de verdades históricas, en un discurso populista, redistributivo y con tintes comunistas ya obsoleto y en el uso del poder indiscriminado basado en el principio moral “el fin justifica los medios”.

MORENA está convertido en lo más similar al PRI de los 70 que tenemos hoy en día en la política mexicana y basta con observar la total sumisión a la voluntad de AMLO con la que se conduce como organización y analizar la trayectoria de sus principales líderes morales para comprobarlo.

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