Colombia debe cobrarle a China el apoyo a Maduro (A)

El gobierno chino no es amigo de los pueblos latinoamericanos

El gobierno chino no es amigo del pueblo venezolano, eso es claro, el apoyo financiero, comercial y diplomático del gobierno chino a Maduro refleja una completa indiferencia por la  no complicidad con las atrocidades que se sufren por culpa de la tiranía. Pero también el gobierno chino muestra que tampoco le importan los pueblos de los países vecinos a Venezuela ni ante la crisis de refugiados y mucho menos ante las dinámicas de deterioro de seguridad y orden público por cuenta del narcorégimen de Miraflores.

Ahora que  Nicolás Maduro empieza a hablar de las indemnizaciones que quiere cobrarle a Colombia resulta más que oportuno hacer un balance de saldos en contra que hay que empezar a ventilar entre los países y en especial con aquellos que han soportado el desarrollo de semejante catástrofe humanitaria.

El gobierno chino podría asumir un rol de país estafado por la mafia de Miraflores y cambiar de bando o puede seguir del lado de los delincuentes bolivarianos y ser tratado como potencia hostil por parte de los países del continente empezando por Colombia.

Y mucho más si la degradación sociopolítica lleva a una intervención militar por parte de una coalición, en ese momento y con mayor razón no hay posibilidad de asumir que haya países que le pongan una vela de amistad a los países latinoamericanos y otra de complicidad a la tiranía en Caracas.

Colombia en la guerra de Corea ya tuvo en el pasado que combatir a China, declararlo país enemigo y actuar en consecuencia. Y si lo hizo para un conflicto lejos de su propio territorio ¿no debería hacerlo con mayor razón cuándo la amenaza emerge desde el país vecino y tiene que padecer las consecuencias malditas del respaldo chino a una cleptocracia socialista?

Colombia especialmente si hay intervención militar debe cobrarle a China

Así nunca China mande un batallón o no le de apoyo militar a Maduro lo cierto es que si se llega al punto de la intervención militar es claro que China debe ir al último lugar de pago de la fila de acreedores estafados que han dejado los bolivarianos. De hecho, ya debería aportar para sostener los planes de ayuda hacia los miles de refugiados que han dejado sus aliados en Miraflores, si tienen la caradura de financiar al victimario por lo menos deberían responsabilizarse por el acompañamiento a las víctimas.

El gobierno colombiano debería ir asumiendo poco a poco el liderazgo de la presión latinoamericana contra China. Claramente no todos los países pueden ir al mismo ritmo en ese proceso, el intercambio comercial que se ha tejido entre la potencia asiática y el subcontinente ha hecho a la primera pensar que vía necesidades económicas puede pasar impune frente a sus acciones en esta parte del mundo y es probable que en algunos países la presión contra China no pueda ser una opción, pero Colombia principalmente por la carga de las consecuencias del respaldo chino a Maduro tiene que asumirla.

Ni que decir si la degeneración socioeconómica termina requiriendo y materializando la intervención militar, exponer vidas de militares colombianos y de otros países, así como exponer a la población venezolana por la complicidad china con una tiranía debe ser cobrado. El gobierno chino tiene que entender que si sus intereses comerciales no se alienan con los intereses humanitarios del continente sus intereses comerciales serán afectados.

Comprar productos chinos es apoyar a Maduro

El libre comercio entre países se hace entre países amigos o por lo menos entre países con relaciones solidarias. El comercio con Latinoamérica debe ser a la vez la paz con Latinoamérica y China en este momento no fomenta ni apoya la paz en el continente, todo lo contrario, cree que puede mantener el comercio y a la vez apoyar el escalamiento del conflicto. Y no, no se puede.

Claramente el gobierno colombiano puede tomar muchas medidas, desde el congelamiento de la agenda comercial con China, con todo lo que eso pueda implicar para pérdida del crecimiento económico potencial del país, pero eso lo tiene que comparar con lo que ganaría de la reactivación vital de la economía venezolana.

Hasta la formulación de una legislación que plantee un aumento de restricciones a la inversión y el comercio de empresas de países cómplices con Maduro y en caso de conflicto internacional incluso la prohibición de la entrada de productos provenientes de los mismos.

Acelerar por supuesto medidas administrativas en sectores que ya de hecho sufran el impacto de la competencia china. La concurrencia comercial entre empresas es un privilegio de buena vecindad, un reflejo de amistad y una decisiva actitud de cooperación, se puede asumir que los productores del propio país pierdan mercado porque para efectos más estructurales las fronteras políticas sean menos relevantes y los pueblos se pueden integrar mejor.

Con empresas de países amigos y países solidarios la pérdida de mercado está enmarcada en un espíritu de competencia deportiva, una sana emulación en el marco de la superación hacia mejores estándares. China ni se comporta como país amigo ni como país solidario con Colombia, ni que decir con Venezuela y por lo tanto su comercio debe verse en el contexto de una lógica de hostilidad política, de debilitamiento productivo, y no una competencia empresarial de mejoramiento económico. Sus productos en ese marco de hostilidad política no actúan como bienes a favor del país receptor sino como armas en su contra.

Además, independiente de lo que pueda y haga el gobierno en el contexto de esa presión comercial contra China y el nivel de respaldo que pueda recoger de otros países de Latinoamérica o el continente, lo cierto es que el pueblo colombiano y los pueblos de América Latina si pueden avanzar en un boicot comercial, quizás al principio más simbólico y dirigido, por ejemplo, no comprar nada de Huawei.

Así como la izquierda mundial ha usado a Coca-Cola y McDonald’s para enfilar su agenda contra Estados Unidos, ciertamente los pueblos de América Latina podrían apuntar a empresas como Huawei. Ni que decir la diáspora venezolana que debería promover y apoyar el boicot a los productos chinos dado que padecen como nadie en sus dificultades y tragedias personales la financiación y la complicidad con el que el gobierno chino permitió que Maduro destruyera tantas familias.

Catalaxia era el término que usaba Hayek para hablar del intercambio comercial entre personas, la forma de expresar un mejor término de lo que sucede en el mercado, incluso uno de los significados es “convertir en amigo al enemigo”, bueno pues China ha recorrido el camino contrario, se ha venido convirtiendo en enemigo, ha despreciado la amistad latinoamericana, y por lo tanto tiene que asumir los costos de esa posición. Colombia debe ser el primer país en cobrarle

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