¿Control de natalidad en Colombia? Anatomía de una propuesta de una tuitera (Ap)

Tuiter se está convirtiendo en una excelente inspiración para mis comentarios semanales. Si bien esta red social no es representativa de la sociedad (algo demostrado en que los candidatos más populares en la red no son los que ganan en la vida real, por ejemplo), sí permite identificar ideas que, por más equivocadas y clichés que sean, siguen informando la opinión – y hasta las decisiones – de aquéllos que se consideran a sí mismos – y que son considerados – como “influenciadores”, intelectuales, académicos y demás.

La semana pasada me encontré con el comentario de una usuaria, quién le planteaba al nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, la supuesta urgencia de implementar una política de control de natalidad.

¿Cuáles fueron las razones que adujo la emisora del mensaje para hacer semejante solicitud? De manera general, ella consideraba que la población en el país está creciendo de manera exagerada y que, por lo tanto, hay menos recursos para cada uno, lo que lleva a más desempleo y pobreza.

La señora se presenta como bióloga, lo que explicaría el énfasis de sus preocupaciones y las profundas equivocaciones en las mismas. De igual forma, se presenta como miembro del movimiento político del líder populista de izquierda, Gustavo Petro, lo que explicaría también el tipo de solicitud: uno puede creer que la población está creciendo, pero eso no obligatoriamente lleva a pensar que la solución para ello se encuentra en la acción coercitiva del Estado.

Esa alternativa requiere, primero, de creer que el crecimiento poblacional es un problema y, segundo, que el Estado puede solucionarlo todo, mientras que la acción individual es la encarnación de todos los males. Los únicos que comparten esas creencias son los activistas de izquierda radical, como los que lidera el político mencionado y al que sigue la opinadora de marras.

Nótese, además, que la opinión parte de unos supuestos que habría que demostrar. El primero de ellos es que la población colombiana está creciendo de manera exagerada. Sin embargo, esto no se sostiene en los datos. En las cifras compiladas por el Banco Mundial, se puede observar que mientras que en 1960, la tasa de crecimiento poblacional para Colombia era de 2.99%, en 2017 ésta se había ralentizado hasta ubicarse en un 0.84%. La caída es sostenida en todo el periodo. Algo similar sucede con los demás supuestos: ni la pobreza, ni el desempleo han aumentado de manera dramática en Colombia.

Aunque los supuestos no se presenten en la práctica, eso no quiere decir que la lógica de la opinadora esté equivocada. Podría pensarse que, en caso de tener unas tasas de crecimiento poblacional más elevadas, Colombia sería un país más pobre, con más desempleo.

Podría ser. Sin embargo, debe notarse la rigidez de tal razonamiento. En éste, no tiene cabida ninguna otra variable. El entorno institucional no tiene ninguna relación con el desempeño económico, por ejemplo. Todo se reduce a una relación de causalidad univariada, determinística y clara. Por ello, se considera que el Estado debe actuar de manera decidida.

Solo con estas observaciones es claro que la lógica detrás del comentario, no es del todo acertada. Existen muchas causas que generan pobreza y desempleo y, tal vez, la más importante no sea el crecimiento poblacional. Habría que pensar, eso sí, en qué casos éste se convierte en un factor de pérdida de bienestar social, lo que demuestra que son otras las causas más importantes.

¿Por qué es importante cuestionar estas creencias? Puede que una mayor población no sea algo negativo para la sociedad, pero una menor puede ser siempre algo positivo, ¿no?

La verdad es que acá la respuesta es un rotundo no, algo que se les olvida a los científicos naturales con tendencias socialistas. Aunque a ellos no les importa, pasan por alto quién debe decidir quién debe nacer y vivir. Claro, asumen los científicos que serán ellos, pero en su ingenuidad ignoran que la mayoría de veces esas decisiones serán políticas y, por lo tanto, injustas, pero impuestas por medios coercitivos.

Otro elemento que pasan por alto los entusiastas del control poblacional es que las mejoras en desarrollo pueden tener algún efecto sobre la decisión de las personas de tener menos hijos. Es decir, el sentido de la causalidad sería el contrario. de igual manera, estaría equivocado el quién ejerce el “control”. De una decisión centralizada, estatal, tendríamos que reconocer que son las personas y sus familias las que tienen una mejor capacidad de tomar decisiones sobre cuántos hijos tener o sobre si tener hijos, en primer lugar.

Pero, más allá de lo anterior, el crecimiento poblacional, incluso si fuera alto, no necesariamente es negativo. Más gente es igual a más oportunidades de ideas nuevas, de emprendimiento y de creatividad para, entre otras cosas, mejorar el bienestar y evitar que tanto la pobreza como el desempleo aumenten.

Sobre la disponibilidad de recursos y el impacto que una población en crecimiento habría que hacer al menos dos comentarios. El primero es que precisamente un uso más eficiente de esos recursos es a lo que se dedican millones de individuos en el mercado, algo que les disgusta a los científicos socialistas. Quieren acabar con el mercado, para después añorar las soluciones que solo en él se pueden producir…entre más oportunidades (esto es, personas) haya.

En segundo lugar, precisamente para solucionar los problemas de agotamiento de recursos es que existe el mecanismo de precios. Éstos pueden entenderse como el reflejo de la escasez de un bien y, por lo tanto, determinan qué tanto cuidarlo y restringir su consumo. No obstante, esto tampoco les gusta a los opinadores-científicos socialistas. Estos suelen ser entusiastas de, por ejemplo, el agua como “derecho”. Así, quieren que no existan precios, sino decisiones políticas para asignar el acceso a este bien. En últimas, aparentan estar muy preocupados ante el consumo excesivo, pero con sus equivocadas creencias lo estimulan.

La propuesta del control de natalidad no es inocente ni neutral. Sus efectos serían negativos, sus causas no existen y su implementación no solo sería injusta, sino peligrosa y anti-ética. No obstante, seguirán algunos intelectuales, defendiendo ideas que solo tienen sentido en sus cabezas. La ciencia, incluso las naturales, como demuestra este ejemplo, pueden estarse convirtiendo en instrumentos de posiciones ideológicas.

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