i hay algo más desconcertante que la candidatura presidencial de Juan Fernando Cristo es que este se haya empeñado en protagonizar una consulta popular a sabiendas que salía más caro el caldo que los huevos y que el palo no estaba para cucharas, ya que este oneroso gasto estatal más que despertar simpatías lo que logra es ofender a la ciudadanía.

Que el exministro hubiera pensado inicialmente que una precandidatura suya fuera posible era perfectamente legítimo. Cuando se está en el curubito todos se sienten poderosos y las veleidades los llevan a quererse contar. Pero que a estas alturas se le atraviese a Humberto De la Calle en su búsqueda del aval del Partido Liberal deja ver que Cristo por lo menos está de espalda a la realidad.

Primero porque si es cierto que le apuesta a la paz, tendría que haber actuado en coherencia y apoyado al que de lejos es quien mejor garantizaría la continuidad del proceso bandera del presidente Juan Manuel Santos.

El hecho de que De la Calle haya sido el hombre al frente de los diálogos de la Habana le da un conocimiento de primera mano sobre la forma de cristalizar los acuerdos y al mismo tiempo, es quien podría evitar la tendencia de las Farc a pasarse de listos al poner en funcionamiento lo acordado. O sea que si era por la paz no tiene ningún sentido que Cristo ponga palos en la rueda al mejor calificado para estos efectos. Lo cual indica que Cristo prefirió salir en la foto así tuviera que darle la espalda al mismísimo presidente Santos.

Las espaldas de Cristo no están hechas para cargar la cruz ni siquiera por una causa sacra como la de la paz. Menos está preparado para ser un gregario que bien habría brillado como el mejor Simón Cirineo si la decisión hubiera sido ayudarle a cargar un poco la Cruz a De la Calle, quien de alguna manera si se metió a redentor y con su decisión de atravesársele puede conseguir que termine crucificado.

Lástima que su postura pilatuna le haya ganado la partida a cualquier brote de sensatez o solidaridad que pudiera existir en su alma. Otro gallo le hubiera cantado hace rato a De la Calle si más bien Cristo pone el lomo y cede el turno. Esto habría producido algunas sinergias de los apóstoles de la paz y evitado que los contrarios le sacaran tanta ventaja.

Las espaldas de Cristo también son anchas desde que era escudero de Ernesto Samper cuando a las espaldas de todos se les metió el elefante del 8.000. Por eso no es raro que ahora se empeñe en seguir cuando no marca nada en las encuestas, no tiene ni cinco de carisma y le ayuda muy poco su trabalenguas natural.

Más bien es relacionado con el viejo país, es politiquero hasta por dinastía y su fortaleza consiste en que supo manejar muy bien las cuotas de la mermelada santista. Por esta razón algunos que dicen que aunque Alfonso Prada es su hombre en el computador de Palacio Cristo sabe íntimamente que no tiene ningún chance. Esto los hace pensar que lo suyo es puro chantaje, como dice la canción de Shakira con Maluma, que está pescando en río revuelto a ver cómo multiplica sus peces en la nómina estatal.

El hecho es que De la Calle está en lo peor de dos mundos. El mundo de Cristo y el mundo del César. Por un lado se enfrenta a la burocracia liberal y por el otro lo apoya la desgastada maquinaria que ha quedado a merced de la maniobras del expresidente César Gaviria, quien al adueñarse de la aspiración de De la Calle lo debilita frente a la ciudadanía que reconoce sus dotes y liderazgo para la coyuntura.

De esta manera a la tal consulta van a asistir todos menos los liberales. Votarán por De la Calle los que quieren continuar por el sendero de los acuerdos de paz firmados por Santos, es decir la izquierda y los gaviristas y por Cristo votarán los que no quieren que sea De la Calle, es decir los uribistas, los vargaslleristas y los conservadores. Ellos saben que si Cristo gana la consulta el máximo riesgo será el chantaje, o sea la cuota burocrática que tendrá que negociar el que gane la primera vuelta.

Así las cosas, Cristo que tiene cero popularidad y que su nivel de reconocimiento en la opinión se debe quizás a que tiene el segundo apellido del más famoso periodista colombiano, terminará por darle un gran espaldarazo a quienes quieren hacer trizas los acuerdos de paz de la Habana. Y tanto Cristo como Gaviria quedarán con el triunfo pírrico de una marca liberal en decadencia. Y contentos por haber sacado a las malas a las aspirantes Viviane Morales y Sofía Gaviria, aunque esto los deje como reyes sin reino.

Ambos se cotizan porque quedan con poder de negociación y su apuesta descarada es a que con cara ganan y con sello no pierden. Y Horacio Serpa se sacará la espina porque habrá derrotado a César Gaviria con la ayuda de Dios y la mano de Cristo.

KIENYKE