El mundo conoce la crisis política, social y humanitaria que enfrenta Venezuela, país con una dictadura que ha dejado la economía en ruinas, y que además impide el ingreso de alimentos y medicamentos a través de un canal humanitario que bien podría aliviar a la población. Pero desde el exterior, el mundo se pregunta ¿cómo sobreviven sus ciudadanos?

En el país suramericano a duras penas los venezolanos pueden vivir; distribuir su tiempo entre el trabajo y la lucha constante para conseguir sus productos de primera necesidad, los ha convertido en “superhéroes”.

Hay miedo a enfermarse, pues la escasez de insumos médicos supera el 90 %; y además no hay suficiente producción para poder importar materia prima

Venezuela cuenta con la mayor inflación del mundo, la cual este año superará el 1.400 %, según estimaciones de la firma Ecoanalítica; pero, además, tiene el salario más bajo de la región: un venezolano recibe USD $2,20 mensuales como sueldo mínimo, mientras los precios de los productos y alimentos básicos se encuentran en bolívares, pero calculados al dólar negro.

Tras esta crisis, ya hay más de dos millones de venezolanos fuera de su país, no solo huyendo de la dictadura encabezada por Nicolás Maduro, sino también buscando la calidad de vida que no podían obtener en el país suramericano.

En el exterior hay muchos profesionales que por necesidad y en busca de mejorar sus vidas, trabajan de mesoneros o venden golosinas en los autobuses, otros caminan las calles vendiendo arepas venezolanas; pero todos con una sola misión: emprender y ayudar a quienes se quedaron en su tierra. Estos exiliados y sus remesas, son hoy el “salvavidas” de sus familiares en Venezuela.

Hay que recordar que en el país suramericano hay un férreo control de cambio, donde la libre circulación del dólar (moneda aceptada a nivel mundial) no está permitida, y que al no haber acceso a dicha moneda, el mercado negro es la única manera en que puede adquirirse.

Como las agencias de envío de remesas formales usan la tasa oficial, los inmigrantes han buscado otra forma, a fin de que el dinero enviado les llegue a sus parientes al monto del “mercado negro”.

En el país suramericano funcionan algunas casas de cambio oficiales como Italcambio; lo malo, es que allí al ciudadano de a pie le dan 9.000 bolívares por cada dólar, cuando el dólar a precio no oficial está en aproximadamente 100.000 bolívares. Por esa razón los venezolanos prefieren ofertar la moneda internacional “por debajo de la mesa”.

Es así como exiliados se comunican con amigos y conocidos que aún están en Venezuela para ofrecerles divisas; y con los bolívares obtenidos por la venta de cada dólar logran ayudar a sus familiares que pasan penurias en el país suramericano. También estas remesas  son despachadas a través de páginas web e intermediarios — personas que tienen cuentas en Venezuela con suficientes bolívares—.

Cada vez son más familias que reciben dinero de un pariente o pareja desde el extranjero y que los alivia con los gastos de comida y medicamentos.

Mariela Rojas  contó a PanAm Post que su hijo se fue hace seis meses a Perú y con el dinero que le envía desde el exterior puede comprar los alimentos que no le alcanzan con su pensión.

“Él consiguió trabajo en un restaurante y como tiene amigos que les interesa comprar dólares, él se los transfiere a sus cuentas en divisas fuera de Venezuela y ellos me transfieren en bolívares”; explicó.

Lo mismo hace Andrés Rosales desde Lima, quien trabaja como mesero en un restaurante y se acerca a Cambios Italo, una especie de empresa intermediaria encargada de enviar divisas a Venezuela.

PANAMPOST