Cuotas laborales… Las cuotas no resuelven problemas (T)

Evópoli (Evolución Política) que es el partido político más liberal dentro del gobierno, con miradas que rescatan la libertad civil y económica, por contundente que sean sus postulados, no está exento de críticas y polémicas.

Actualmente Evópoli se encuentra promoviendo un cambio específico a la Ley de Migraciones enfocado en aumentar la cuota máxima de trabajadores extranjeros en las empresas chilenas. Lo anterior a partir de la normativa que sólo permite un máximo de 15% de la dotación de una empresa (que tenga 25 o más trabajadores) que sean extranjeros. Asimismo, el partido busca aumentar eso a 50% en firmas con más de 200 empleados, mientras que para las de menos sería irrestricto.

En una entrevista el diputado y vicepresidente Evópoli, Francisco Undurraga, explicó que hasta el momento “tenemos una ley que es bastante mentirosa, una ley que le da un piso laboral a los chilenos de un 85%”. En ese sentido, mencionó que basado en las empresas con más de 25 trabajadores, se entrega un margen de 15%.

En primer lugar, es necesario entender que generar una propuesta de este tipo, no es más que una nueva intervención del Estado en las asociaciones voluntarias, lo cual se pensaba, estaba fuera de la lógica de Evópoli que se considera tan libertario.

Segundo. Sí existe motivo de preocupación para la población local con respecto a la oferta laboral, pues le guste o no al progresismo escucharlo, el mercado se rige entre otras cosas por la ley de la oferta y la demanda.

Cuando la oferta de un ítem abunda, el precio del mismo baja y cuando la demanda excede a la oferta, el precio sube. Simple. Por lo tanto, en un país que sigue teniendo una alta tasa de mano de obra no calificada, donde si bien es cierto cada vez más se forman profesionales, pero sigue quedando una buena cantidad que no logra dicho objetivo e incluso dadas las condiciones de la educación local, el título profesional no es garantía de calidad.

El introducir competencia a personas que ya tienen esta desventaja, los perjudica directamente a ellos, ya sea en la no obtención de empleo pues este recaerá en la mano de obra más barata, que tiende a ser la extranjera, o a la disminución de los salarios dado el exceso de demanda frente a una pequeña oferta.

Esto difícilmente afectará a la clase profesional media y alta que puede competir con experiencia, títulos y formación cultural más contundente que muchos de los inmigrantes quienes por su condición, probablemente aterricen en trabajos no relacionados con su formación profesional en una primera instancia, pero sí afectará a los menos calificados.

Con esto claro y conviniendo que esa realidad económica por incómoda que sea, existe, podemos llegar a un segundo punto. El problema no radica en los márgenes porcentuales asignados a los inmigrantes sino en el dolo respecto del tema migratorio en años anteriores.

EL mercado laboral es limitado y un exceso de oferta va en detrimento de los más pobres. Así de simple. Para evitar esto, se deben establecer parámetros de entrada que aseguren un desarrollo saludable del mercado y una vida digna para quienes entran pues tendrían menos desventajas al momento de competir, como por ejemplo, un mercado laboral no saturado.

Muchos dirán entonces que si un local no puede retener un empleo en competencia con un inmigrante, entonces el problema es la mediocridad del local, pero esto se dice livianamente sin considerar que dado el cambio y la situación de la cual vienen muchos inmigrantes, estos están dispuestos a realizar trabajos por debajo del precio de mercado y otra vez esto se refleja por ley de oferta y demanda en una baja en los salarios.

En su propio esquema de costo oportunidad, el migrante en muchas ocasiones calcula que aun trabajando bajo costo promedio, logra mayor bienestar que quedándose en su país de origen. Esto es válido en el libre mercado y no tiene nada de malo que el individuo pueda negociar sus condiciones, pero si lo enmarcamos en el contexto de que los gobiernos se deben a sus ciudadanos, a los nacionales primero sin pisotear al extranjero, pero teniendo en cuenta que los derechos de inclusión e integración social son primeramente para los locales, pues son ellos los herederos de la construcción de país, entonces el aumento desmedido de competencia, se vuelve desleal.

El otro problema que no parece ser apreciado es el Estado de derecho. Una vez que una persona ha ingresado legalmente y su papeleo es aceptado por el Estado y ratificado a través de la residencia temporal o permanente, esto pone al migrante en igualdad ante la ley en términos laborales.

Sí se le ha permitido ingresar y permanecer, es porque la persona no solo es bienvenida sino considerada necesaria y por lo tanto gozará de las libertades dispuestas por la constitución en su calidad de migrante. Si un nacional puede libremente buscar el empleo que quiera, también el migrante puede hacerlo y el empleador debiese quedar en libertad para ejercer su derecho a contratación sin interferencia del Estado.

Entonces cual es el verdadero drama. La inmigración sin planificación, sin tener en cuenta las necesidades del país. Cayendo en el humanitarismo barato que siempre termina desvistiendo a un santo para vestir a otro y evidencia la cobardía de los distintos gobiernos.

Nada de malo tiene examinar la realidad nacional y determinar con cifras económicas cupos y orientaciones laborales prioritarias elaborando concursos para la obtención de residencia con un sistema de puntos u otro parecido que le provea al país lo que necesita y además en el proceso no sature mercados y ayude a migrantes a vivir dignamente en el territorio nacional sin pasar miserias y clonar sus sufridas experiencias de sus países de procedencia.

Donde hay que intervenir es en el proceso migratorio, no en el libre albedrío que tienen los empleadores de buscar la mano de obra que necesiten. Otra vez vemos a la política tratando de corregir y regular al mercado e ignorando que el problema viene de la política y no del mercado. Habrá que esperar que políticos de más luces adviertan esta situación antes de caer en los errores de siempre por los populismos de siempre.

 

 

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