Duque se enfrenta a varios retos políticos, económicos y sociales, entre los que se destaca una coyuntura muy especial: una paz inestable, una economía frágil y un país polarizado. EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

Luego de la victoria presidencial de Iván Duque en las urnas con el apoyo de su partido el Centro Democrático y del expresidente Álvaro Uribe, se logró de nuevo montar la centro-derecha en el poder. Sin embargo, esta victoria electoral cimentó al mismo tiempo una posible victoria para las siguientes elecciones en las que el excandidato de izquierda Gustavo Petro podría materializar su deseo de llegar a la presidencia de Colombia a través de las banderas socialistas si persisten los males denunciados en el Gobierno del nuevo presidente. 

Bajo este escenario, Duque se enfrenta varios retos políticos, económicos y sociales, entre los que se destaca una coyuntura muy especial: una paz inestable, una economía frágil y un país polarizado. 

PanAm Post habló con Daniel Raisbeck, exeditor jefe de este medio y excandidato a la alcaldía de Bogotá, sobre los retos del presidente electo en materia económica para el cuatrienio que se avecina. Raisbeck considera que Duque debe liberar la economía colombiana, de lo contrario, allanará el camino para que el chavismo, representado en Gustavo Petro, llegue al poder en el 2022.

La debacle económica y humanitaria del socialismo del siglo XXI en Venezuela fue un factor decisivo en la reciente campaña presidencial colombiana. La derrota de las fuerzas ‘bolivarianas’ en las urnas el 17 de junio fue un gran alivio para quienes preferíamos evitar cualquier probabilidad de expropiaciones a gran escala, la escasez masiva y una hiperinflación devastadora. 

Aseguró que la campaña “Colombia Humana” entró en una profunda contradicción al pretender lograr un control de precios, expropiación express y declarar una guerra al sector privado. Sumado a que muchos de los seguidores de Petro, en eventos públicos, expresaban una inquebrantable realidad al ondear las banderas rojas con la hoz y el martillo. 

“Durante la campaña, Petro anunció que obligaría a un empresario en particular a venderle su compañía a él (es decir, al Estado) a un “precio justo”. También aseguró que el colapso de la economía venezolana se debía a la dependencia del petróleo, pasando por alto los controles de precio y otras ruinosas medidas socialistas que él apoyó durante años. Y amenazó con declararle la guerra al sector privado en amplios sectores de la economía, desde el sistema de salud hasta la industria local de aerolíneas. Aunque el lema de su campaña ‘Colombia Humana’ era del todo inútil, las banderas rojas con hoz y martillo que sus seguidores ondeaban en sus eventos de campaña expresaron lo que Petro representa con mucha más exactitud”.

Según Raisbeck, la presidencia de Duque se logró gracias al apoyo de los grandes grupos económicos del país, sin embargo, cualquier serie de escándalos de corrupción que involucre a este sector le garantizaría a Petro la presidencia en el 2022, así como sucedió con el izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México. Y agregó, que la mera posibilidad de una presidencia de Petro es perturbadora.

“Como dijo el mismo Petro después de las elecciones, si él hubiera convencido a aproximadamente un millón de los votantes de Duque para que lo apoyaran, se estaría preparando para gobernar desde la Casa de Nariño desde el 7 de agosto. Aunque la premisa es inverosímil, la mera posibilidad de una presidencia de Petro es perturbadora en el mejor de los casos”.

Raisbeck fue enfático al señalar que la propuesta política y económica de Duque se podía entender como la de un Estado mínimo, un contraste definitivo con el hiperintervencionismo estatal que promovía Petro. 

Duque hizo del emprendimiento un pilar de su programa y defendió con frecuencia el derecho a la propiedad privada. También enfatizó la necesidad de frenar el creciente derroche gubernamental y de reducir los impuestos corporativos por debajo del 30 % para que Colombia sea atractiva para la inversión. Prometió, además, que ayudaría a fortalecer el endeble mercado de capitales colombiano.

En palabras de Raisbeck, Duque manifestó en campaña que el país necesita muchas más empresas nuevas cotizando en la bolsa de valores y opciones de inversión en renta fija más allá de los bonos estatales. Sin embargo, a su juicio, los medios colombianos se concentraron en las propuestas librecambista del joven presidente, pero, por otro lado, “minimizaron su propio proteccionismo”. 

“Duque ha dicho con frecuencia que no firmará un solo Tratado de Libre Comercio (TLC) durante su mandato. Su raciocinio es la falacia del déficit comercial —tal como Donald Trump y la izquierda colombiana—, asume que importar más de lo que se exporta es necesariamente dañino para un país, pasando por alto el gran beneficio para los consumidores de poder escoger mejores productos a menores precios. Posiblemente no fue una coincidencia que Duque haya lanzado su diatriba contra el libre comercio en un mitin con el gremio de arroceros en la zona central oriental del país. Hace unos meses, el Gobierno colombiano cedió ante la presión de los productores nacionales e impidió la importación de 85.000 toneladas de arroz desde Ecuador. Tal proteccionismo solo puede perjudicar a los más pobres mientras beneficia a algunas de las empresas más grandes de Colombia”.

Explicó entonces que una buena justificación para el escepticismo frente a la política economía de Duque es la cercanía de su partido a los gremios industriales y agrícolas que, durante mucho tiempo, han logrado protegerse de la competencia real y/o han recibido subsidios directos.

“Bajo este sector se encuentran los ganaderos, los caficultores y los monopolios estatales de licor en los 32 departamentos colombianos. Pese a promover incesantemente el crecimiento a punta de la innovación digital (“economía naranja”), Duque eligió las viejas técnicas electorales sobre el progreso tecnológico al apoyar al gremio de taxistas en su lucha contra Uber y otras plataformas de vehículos compartidos.”

De acuerdo con Raisbeck, esto no debe sorprender a nadie, pues Duque proviene del Centro Democrático, movimiento de naturaleza conservadora bajo la tradición paternalista latinoamericana que dista del modelo librecambista anglosajón, de, por ejemplo, Margaret Thatcher.  

En este sentido, habló del programa Agro Ingreso Seguro (AIS), programa de subsidios agrícolas lanzado bajo el Gobierno de Uribe que se convirtió en un caso paradigmático de corrupción. La mayoría de recursos “terminaron en las cuentas de grandes terratenientes, de un narcotraficante y hasta de un par de reinas de belleza”, dijo. 

“La frecuencia de tales desfalcos al fisco colombiano han generado un repudio masivo hacia una clase política descaradamente venal. De hecho, una de las razones del surgimiento de Petro fue su éxito al emular a Chávez y presentarse como un luchador contra la corrupción, lo cual le permitió quedarse con buena parte del creciente voto antisistema”. 

En contraposición a lo que la mayoría de analistas, quienes señalan que la forma de medir el “éxito” de Duque en la presidencia en estos próximos cuatro años es midiendo el crecimiento del PIB, Raisbeck considera que la mejor forma de medirlo es por medio del desempeño que tenga el país en el Índice de Libertad Económica de los institutos Cato y Fraser, donde Colombia ocupa un bajísimo puesto, 112 entre 159 países. 

Si Duque recorta los impuestos drásticamente, elimina regulaciones innecesarias y libera el comercio internacional, el crecimiento se dará por sí solo.

Paralelamente, señaló que si Duque opta por el “amiguismo” habitual con los gremios mercantilistas, un giro hacia la izquierda dura en el 2022 puede ser inevitable. 

“¿Por qué han los votantes de apoyar a una derecha política que defiende el libre comercio con reticencia y ofrece su propia versión blanda del Estado comunitario? Si los votantes quieren colectivismo, sabrán muy bien que los chavistas lo pueden imponer sin titubeos”.

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