Según la congresista, se trata de una “crítica constructiva”, pues el nuevo mandatario no incluyó para su equipo de Gobierno a varias personas del Centro Democrático que lo acompañaron en la campaña. (Flickr)

María Fernanda Cabal, senadora del Centro Democrático, puso de nuevo sobre la mesa la discusión sobre un posible fuego amigo desde su partido contra el presidente Iván Duque.

En diálogo con El Tiempo, Cabal, quien representa el ala dura del uribismo, manifestó que en el partido sí hay inconformismo con el jefe de Estado luego de que este dejara por fuera a quienes “tienen las mejores calidades”.

Según la congresista, se trata de una “crítica constructiva”, pues el nuevo mandatario no incluyó en su equipo de Gobierno a varias personas del Centro Democrático que lo acompañaron en la campaña.

“Él tiene el derecho de estar con su mejor equipo, pero él y su equipo tienen que darse cuenta de que allí no llegaron gratis, que trabajamos todos, que todos conseguimos votos, que dimos nuestro tiempo, que le pusimos pasión y nos la jugamos para que ellos ganaran”, dijo.

El malestar de Cabal se evidenció cuando su esposo, el uribista José Félix Lafaurie, se postuló para ser contralor durante el periodo 2018-2022, proceso que brilló por la ausencia del ejecutivo en el proceso de elección. El mismo Duque señaló que a su Gobierno no le preocupaba quien se quedara con la Contraloría.

“No por retador ni por desafiante, sino porque el país lo reclama: llegó la hora de acabar la cultura transaccional entre el poder ejecutivo y legislativo para gobernar bien a Colombia”.

El Uribismo respaldó solo hasta último minuto a Lafaurie, que solo sacó 12 votos.Esta fue la primera prueba fuego de Duque en poner al margen a las transacciones políticas entre el ejecutivo y el Congreso.

Los puestos de Gobierno

Es claro que los cupos del Gobierno tiene molestos a muchos partidos y también a los uribistas, pues el presidente Duque dijo una y otra vez que no habría mermelada ni cupos indicativos. Lo más normal, según la política tradicional, sería entonces que gran parte de su Gobierno estuviera conformado por uribistas, pero no fue así.

Y no es que esto sea un hecho aíslado, pues en campaña hubo fricciones internas entre el discurso del presidente Duque y las bases más conservadoras del Centro Democrático. Precisamente el 20 de julio, día de la posesión de Duque, este se desmarcó del discurso de Ernesto Macías, presidente del Congreso que emuló un fuerte mensaje contra el expresidente Juan Manuel Santos.

En este sentido, el nuevo mandatario mantuvo en altos cargos a funcionarios que venían del Gobierno del expresidente Santos, teniendo en cuenta la oposición labrada que durante ocho años fue liderada por el expresidente Álvaro Uribe.

Los lideres de las regiones han manifestado su malestar, pues aseguran que es difícil lograr una gobernalidad sin mediar rédito alguno. “La política se trata en principio de lograr una cohesión de Gobierno, eso está claro. Sin embargo, se necesita un arreglo entre el Gobierno y las regiones para hacerlo. Hasta ahora el presidente con un mensaje de cero corrupción y no mermelada está haciendo que los aliados terminen por convertirse en oposición, esto no es nuevo ni bueno”, señaló una fuente cercana al Centro Democrático en el departamento del Quindío.

La apuesta de Duque por mantener un Gobierno técnico y sin dádivas es algo cierto, pero difícil de manejar. La decisión de no entregar puestos a partidos políticos muestra la frágil coalición que logró en el Congreso que puede volcarse en su contra para lograr la moción de censura contra de su ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Si se logra tumbar a Carrasquilla sería un primer golpe institucional y de imagen contra Duque a un mes de Gobierno. Este sería el cheque de pago por parte de los movimientos políticos al no recibir transacción alguna. Al respecto, se ha dicho entonces que de haber luz verde para la moción de censura en el Congreso lo mejor es que Carrasquilla deje el cargo, pues hay una fuerte oposición por haber asesorado la operación bursátil “Bonos Agua”.

Y es que esta moción llegó como bandeja de plata para la oposición, de los actuales ministros el que más incomoda es Carrasquilla por sus propuestas de reforma económica para lograr la estabilidad financiera en el país y seguir con una sana regla fiscal.

De acuerdo con la Silla Vacia, la poca mermelada que ha entregado Duque sí ha sido uribista. El Gobierno nombró a 202 personas entre cargos directivos y asesores de alto nivel. De esos nombramientos solo 29 funcionarios tienen antecedentes políticos y 14 de ellos han tenido en algún momento nexos con el uribismo.

“Son personas que han trabajado con políticos de diferentes corrientes políticas, pues han sido asesores de congresistas, de políticos veteranos de regiones, miembros relevantes de campañas o directamente candidatos” señala el medio.

Sin embargo, 82 nuevos funcionarios vienen del Gobierno Santos y otros 13 vienen de alguno de los dos periodos de Uribe, lo que ratifica que sí hay uribistas, pero muy pocos.

Mano blanda con FARC y mano dura con ELN

Otra cuestión que no ha gustado mucho al interior del Centro Democrático es el manejo que le ha dado Duque al proceso de paz con FARC. En campaña se le vio muy crítico de los acuerdos, así como de la Justicia Especial para la Paz (JEP).

El ala dura del uribismo ha manifestado una y otra vez que esa justicia especial no sirve y más con los recientes casos de corrupción que han enlodado a funcionarios que presuntamente han beneficiado a exguerrilleros, sumado a la malversación de los recursos destinados para poner en funcionamiento a esa justicia.

“La JEP es el aparato de justicia creado por las FARC en La Habana. Hay que recordar que esta jurisdicción es ajena al sistema de justicia colombiano. Incluso, hasta su conformación es espuria. Las FARC escogieron cinco miembros encargados de seleccionar a su acomodo, a su juicio, a los magistrados sin responder por ningún tipo de inhabilidades con un fuerte sesgo izquierdista”, esto le dijo el abogado Fernando Vargas al PanAm Post.

Los gestos de Duque hacia las FARC, aunque en oposición, han sido de diálogo y consenso. Incluso ha dado de que hablar, pues su posición ha sido más abierta de lo que se esperaba con los exjefes guerrilleros.

De hecho, el gesto que mereció el aplauso de la oposición y un sinnúmero de críticas fue el haber invitado a Rodrigo Londoño y a Carlos Antonio Lozada a la Casa de Nariño, junto con otras personalidades de la política nacional, para discutir e impulsar una agenda de medidas contra la corrupción luego de conocer el resultado de la consulta popular contra la corrupción.

De igual modo, la petición de las FARC de poner en marcha la Comisión de Seguimiento al Acuerdo de Paz fue escuchada. Duque envió una carta a Antonio Guterres, secretario general de la ONU, y a Karen Pierce, presidenta del Consejo de Seguridad, para solicitarles que se mantenga vigente durante un año más a la misión encargada de hacerle monitoreo a la implementación del Acuerdo.

A pesar del discurso “ni trizas ni risas” no todo es rechazo en el uribismo, otro amplio sector de ese movimiento señala que es bueno darle un tiempo al presidente para que lleve a cabo lo prometido. En cuanto a las modificaciones al delito de narcotráfico como delito conexo al delito político se espera que la Corte Constitucional se pronuncie. Por otro lado, se ha mantenido el nombre y programas del Alto Comisionado para la Paz y el programa de sistitución de cultivos PNIS.

Por otro lado, Duque sí ha sido fuerte con la guerrilla del ELN. Ha asegurado que un Gobierno no puede estar en la negociación de secuestros para dar paso a un proceso de paz. Ciertamente el proceso se convirtió en un tire y afloje dado que el Gobierno no pretende acogerse a las condiciones del ELN y por la misma línea el grupo guerrillero asegura que el Gobierno no tiene voluntad para sentarse a negociar.

Entre tanto, Álvaro Uribe, jefe natural del Centro Democrático no se le ha visto, hasta ahora, molesto por cómo Duque está manejando el país, ni hay distanciamiento alguno.

“Entre ellos hay una gran amistad. Es evidente que hay diferencias en el manejo de ciertos temas, pero no hay una separación política o ideológica entre ambos. Se ha previsto una directiva en el movimiento ante la amenaza política que hay en el país y es acompañarlo”, manifestó una fuente del Centro Democrático.

Por ahora, a Duque le queda estructurar una coalición de Gobierno que no se quede en la estrechez alcanzada en el Congreso debido a la ausencia de mermelada. El nuevo presidente entonces deberá sortear la tensión que se genera desde el legislativo para sacar adelante las reformas necesarias heredadas de la administración Santos y otros temas relativos al proceso de paz.



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