No se necesita entender mucho de matemáticas para saber que en las fuerzas del No, quien tiene los votos es el expresidente Alvaro Uribe Vélez. Esos siete millones de votos con los que Oscar Iván Zuluaga le pegó su susto a la reelección del presidente Juan Manuel Santos son de Uribe, que quiérase o no y sea para bien o para mal, es el fenómeno electoral de las dos últimas décadas en Colombia. Salir elegido en 1992 con una postura derechista en medio de un país casi mamertizado requiere que el candidato tenga una gran capacidad de seducción. Y no fue una sino dos veces. Y habría salido la tercera si no es porque en la otra orilla se generó el toconu, todos contra Uribe, y le pusieron freno de mano con la ayuda de las altas cortes.

Pero ganó Santos, que fue el que dijo Uribe. Y después si no es por Odebrecht y las fábulas del hacker de Andromeda hubiera ganado Zuluaga, que fue el que dijo Uribe. Por eso no se requiere mucho alquimismo electoral para concluir que el candidato de la derecha va a ser Ivan Duque, que ganó legítimamente las encuestas que definieron el candidato del Centro Democrático pero era el que había dicho Jose Obdulio, o sea el que dijo Uribe. Esto hace pensar que Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez deben hoy repensar su aspiración si quieren garantizar que gane las presidenciales el bloque de los que dijeron No a los acuerdos de la Habana y ganaron el plebiscito por no compartir que la paz fuera firmada a toda costa.

Pero hay que hacer diferencia entre Marta Lucía y Ordóñez. Ella habría sido la candidata si no hubiera destellado Duque, porque aunque no pertenece al Centro Democrático es uribista en esencia y es la mejor preparada por su trayectoria y experiencia. Y puede tener la mano más firme y el corazón más grande que el propio Uribe pero es la candidata del expresidente Andrés Pastrana, de los conservadores de base y de algunos sectores femeninos que le ven el perrenque para gobernar en medio de la crisis moral que vive el país y de la decepción con los liderazgos masculinos. Ella lo merece y si no fuera porque el país sigue siendo machista estaría mucho mejor posicionada en las encuestas y otro gallo cantaría.

Y a pesar de que ella ya se ha medido y puede cantar que arranca con una base de dos millones de votantes propios, esta vez le faltan cinco pal peso porque la balanza uribista se inclina por el que garantice que puede derrotar al nuevo fenómeno electoral que ha surgido por el centro izquierda, o sea Sergio Fajardo y al monstruo de la maquinaria que ha resultado por el centro derecha, o sea Germán Vargas Lleras. Y para enfrentar el fenómeno creciente entre los indignados y para derrotar el poder de las élites clientelistas y las maquinarias regionales el uribismo necesita aferrarse al que diga Uribe y esta vez todo indica que Marta Lucia ya no fue, entre otras porque Ordóñez si a alguien le ha hecho mella es a ella.

Tanto en los conservadores radicales como en los sectores furibistas el exprocurador Ordóñez ha debilitado más la fuerza de Marta Lucía que la de Duque, quien tiene mayor acogida en el centro derecha y por su carisma particular ha logrado hacer contrapeso a las voces ultraderechistas que no lo bajan hasta de mamerto camuflado. El hecho es que con todos los pergaminos Marta Lucía esta vez será la sacrificada por Uribe. Ella tendrá que comprender que para alcanzar cifras cercanas a los 10 millones de votos el apoyo del expresidente Andrés Pastrana no será suficiente y que si Uribe no dijo que era ella le toca hacerse a un costado y prepararse para la próxima, ya que desde luego será la que queda mejor parada con tirios y troyanos en los del NO.

Y por el lado de los del NO los expresidentes Uribe y Pastrana deberían sentarse ya a diseñar un plan para ganar que incluya el voto, no fanático, que encarna Viviane Morales. Ella sería la perfecta fórmula vicepresidencial de Iván Duque y rescataría mucho voto cristiano en el caso de que Ordóñez se empecine en sus salidas suicidas. Marta Lucía sería una magnífica canciller en estos momentos en que las democracias latinoamericanas se deslindan de los fenómenos populistas y se desmarcan de Nicolás Maduro. Y de seguro desde allí saltaría al escenario del 2022 con todas las de ganar. Tiene que reconocer que aunque puede ser la más calificada en esta carrera de relevos debe entregar la posta a Iván Duque con toda gallardía.

Marta Lucía Y Ordóñez deberían aprender de Claudia López y Jorge Robledo, que aunque no comulgan del todo con Fajardo aplicaron su lógica matemática y declinaron en su favor, con lo cual dispararon aún más el fenómeno que representa el candidato independiente con profundo sentido de la ética de lo público. Al sumarse provocaron la sinergia que lo tiene punteando en las encuestas y con la cual si logra conquistar el voto de los abstencionistas, no hay duda que será el gran ganador. Marta Lucía, más que Ordóñez, lograrían la sinergia en el centro derecha que recogería el voto de los defraudados con Santos, el cual puede llegar a ser determinante si Fajardo no logra convocar totalmente el voto de los defraudados con el sistema.

La suerte ya está echada y no va a ocurrir un episodio que cambie sustancialmente lo que ha pasado hasta hoy. Si la derecha quiere llegar a segunda vuelta no puede ir dividida y es mejor que se una en torno al centro derecha. Y entre más rápido se pongan de acuerdo más rápido generarían la suma de sinergias. De lo contrario, dispersos, es probable que se les cuele Vargas Lleras y no tengan más remedio que hacerle fila. Y por el lado de la izquierda, Clara López y Gustavo Petro deben lo más pronto posible sumarse a Fajardo y ojalá lo más discretamente posible porque a veces es más lo que restan que lo que suman, pero en definitiva pueden contribuir a que los indignados y los apáticos confíen en que existe luz al final del túnel.

Es hora de que los fanáticos de derecha y los fanáticos de izquierda comprendan que su papel agitacional en momentos como este se vuelve un petardo contra su propia corriente. Si los que quieren que gane la derecha insisten en que sea en cabeza del ultraderechista Ordóñez pues le van a hacer el hueco al centro derecha, es decir a Iván Duque. Y si los ultraizquierdistas quieren que la izquierda gane con Petro a la cabeza pues le harán el hueco a Fajardo. Es decir que si hay alguien que les quedará eternamente agradecido tanto a los extremistas de derecha como a los extremistas de izquierda será Germán Vargas Lleras, que se les va a colar por la mitad de sus fanatismos. Él si sabe aprovechar el efecto bumerán de sus contrarios.

KIENYKE