Entendiendo la soberanía y el verdadero peso de Chile (Youtube)

En la teoría de las escuelas de relaciones internacionales hay al menos tres escuelas de pensamiento. Las dos grandes escuelas fundadoras son la Realista y la Liberal. La primera cree que al igual que las personas los estados son malos y egoístas por naturaleza además de asimétricos entre sí, mientras que la escuela liberal plantea que los estados son buenos, cooperativos e iguales entre sí.

La evidencia histórica pareciera dar razón a ambas pues vemos que la constante de las relaciones internacionales es tanto la guerra como el comercio. Esto nos lleva a modernizar la teoría y generar las versiones modernas de estas escuelas. Entonces tenemos la escuela Neorrealista y la Neoliberal.

(Esta última tiende a sonar familiar porque se le confunde con conceptos económicos)

El neorrealismo nos plantea que pese al egoísmo y maldad inherente tanto al ser humano como a los países, estos prefieren cooperar para maximizar su bienestar, lo que no significa que se equiparan las fuerzas nacionales, por ello hay países fuertes y débiles en términos militares y comerciales y ello pesa en la diplomacia.

El neoliberalismo en cambio, propone la interdependencia como motor de la paz mundial y no la suscripción a hegemonías militares o económicas. La idea es que haya múltiples polos de poder por lo cual sea innecesario proceder a una carrera armamentista o volcarse incansablemente al desarrollo comercial ya que se premia la interdependencia.

La realidad nos muestra que no todo lo que suena bien, funciona bien. La historia nos confirma que las grandes guerras no necesitan demasiadas motivaciones válidas para iniciarse y que cuando ciertos países buscan un conflicto, encontrarán todas las razones que necesitan o las crearán.

En todo este contexto de razonamiento nace la escuela constructivista que mezcla teorías de ambos extremos, tanto liberal como realista. Chile se suscribe a esta escuela dentro de lo que llamamos Constructivismo neoliberal y tal vez sea la  única vez en que corresponda llamar a Chile como tal.

Esto significa que si bien Chile cuenta con un ejército que debe estar preparado para el conflicto (Chile ya ha tenido dos guerras contra sus vecinos Perú y Bolivia ganando en ambas ocasiones) la idea es más bien cooperar adscribiéndose a todos los tratados y organizaciones internacionales posibles para no solo darle visibilidad al país, sino para disminuir el riesgo de sacrificio soberano y conflicto.

El gran problema con la forma en que Chile vive su diplomacia es que frente al populismo extranjero no es muy eficiente y pone la soberanía del país en riesgo y a la merced de terceros, los cuales al ser humanos, por más estudios y recomendaciones que tengan, siguen siendo seres sujetos a corrupción e imparcialidad.

Estados Unidos por ejemplo, suscribe a la teoría constructivista neorrealista, que a diferencia de Chile, ha firmado muy pocos tratados internacionales y se suscribe a organizaciones limitadas. La idea es que la asimetría de poder se note, que el peso del país y su desarrollo sean suficiente disuasivo para vivir en paz.

Estados Unidos es consciente de su poderío que pese a tener competencia en lo comercial, no tiene par en lo militar y en estos momentos es increíblemente improbable que alguna vez sea ocupado por otras naciones o atacado sin represalias claras y contundentes. Quien ataca a Estados Unidos arriesga sencillamente demasiado y eso lo confirman los hechos.

Hace poco Corea del Norte estaba a un paso de declarar la guerra nuclear a Estados Unidos, a su vecino del sur y a la cultura occidental, pero una oportuna maniobra en la cual Estados Unidos Movió porta aviones y se vio dispuesto a contra atacar rápidamente, sirvió para disuadir las intenciones bélicas del país asiático. Nos guste o no, se escuche bien o no, la maniobra sirvió y hoy vemos a las dos Coreas conversando cada día más fluidamente y cooperando cada vez más. Como estos hay cientos de ejemplos históricos.

Chile parece vivir en un mundo idealista de la diplomacia dónde cree que está protegido por las mágicas fuerzas del amiguismo internacional. Se olvidan los líderes del estado que dichas asociaciones son bastante desechables a la hora decisiva y que los demás países siempre velarán primero por su propio bienestar porque es lo correcto y lógico.

Hoy por hoy, esperamos el fallo de la Haya respecto de la demanda marítima que ha hecho Bolivia en contra de Chile. Otra vez sometiendo al país al juicio de terceros que sin importar los muy buenos argumentos que tenga la defensa chilena, siempre existe la posibilidad de perder.

El populista Evo Morales, necesita mantener el fuego de la demanda marítima encendido para mantenerse en el poder. Es un caudillo moderno y esto Chile lo sabe y sabe que el populismo en América Latina es un viejo conocido que se niega a retirarse, por lo tanto poner la soberanía a merced de terceros es sencillamente irresponsable y muy poco patriótico. Por otro lado, toda esta concesión y la pertenencia a pactos como el de Bogotá que someten la soberanía territorial a juicio de otros, tratando de darle una cara amigable al país, solo hacen que los nacionales cada día se pregunten de forma legítima, para qué necesitamos costear un ejército.

La historia le ha mostrado a Chile que tener un ejército listo, bien equipado y preparado, es el mejor disuasivo y que cada vez que el conflicto se ha acercado ha sido frente a la carencia del mismo y no frente a la disposición discursiva de la diplomacia.

Ya es hora de considerar la soberanía en serio y verla también como un favor y ejemplo moral dentro de un subcontinente lleno de populistas que necesitan ser disuadidos y expuestos por lo que son y que frente a la firme postura de países que sí se respetan y le dan sentido a sus instituciones, estos gobiernos caudillistas y demagogos no tengan ya la osadía de inventar conflictos externos para manipular a su gente.

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