Joseph Stiglitz y el unicornio astrológico de la economía socialista (A)

Laureado con el llamado Nobel de economía, Joseph Stiglitz hasta hace poco aplaudía al socialismo revolucionario de Hugo Chávez afirmando:

“El crecimiento económico de Venezuela es impresionante (…) Hugo Chávez, parece haber tenido éxito en llevar la salud y la educación a la gente de los barrios pobres de Caracas, a aquellos que anteriormente vieron pocos beneficios de la riqueza petrolera del país”.

Defendió la expropiación de petroleras extranjeras asociadas al monopolio gubernamental PDVSA. Miró a otro lado ante el creciente expolio de capital privado. Controles de precios. Control de cambios. Y el control gubernamental del grueso de la banca, el agro, la industria y distribución de alimentos. Predijo una distribución más igualitaria de la riqueza de Venezuela.

El resultado es la casi completa desaparición de la producción agrícola e industrial, al fracaso de empresas y cooperativas socialistas, la caída de la producción petrolera, la caída en la pobreza de cerca del 90% de los venezolanos. Sucesores de Chávez manteniendo sus fallidas políticas socialistas mediante la represión. Y un eje  continental de corrupción, ideología marxista, crimen organizado y terrorismo. La más prolongada hiperinflación del hemisferio occidental. Y que Stiglitz no hable de Venezuela.

En su estudio de agosto de 1996, Algunas lecciones del milagro de Asia oriental, no vio las señales de la crisis del año siguiente. Únicamente que  “el gobierno asumió una gran responsabilidad en la promoción del crecimiento económico”.

Tampoco citó en su libro de 2011 sobre la crisis hipotecaria, Freefall, su estudio de marzo de 2002 –en coautoría con Jonathan y Peter Orszag– afirmando de las empresas patrocinadas por el gobierno (GSE) Fannie Mae y Freddie Mac, una “probabilidad de incumplimiento de las GSE (…) extremadamente pequeña” y “riesgo para el gobierno del posible incumplimiento de la deuda de GSE (…) efectivamente cero”.

El rescate de las GSE por los incumplimientos de hipotecas costó alrededor de 200 mil millones de dólares. Un estudio del American Enterprise Institute reveló después que ya en 2001 las hipotecas mantenidas o garantizadas por Fannie y Freddie eran más y más riesgosas. Con la misma información que Stiglitz vio primero. Pero él nunca ve errores del Estado. Porque no los quiere ver.

Recibiendo el llamado Nobel de economía afirmó haber demostrado que “la mano invisible de Smith no existía o se había paralizado”. Porque únicamente los mercados “de competencia perfecta” serían eficientes. Lo que decía era que: del que el modelo imaginario de competencia perfecta –en que todos conocen siempre toda la información– no se corresponda con la economía real, deducía que la economía real tendría “fallas de mercado”. Que exigen la intervención del Estado. Si asumimos al imaginario y mágico unicornio como equino perfecto, un caballo real sería un unicornio imperfecto. Y Stiglitz atribuiría a la infinita sabiduría de políticos y burócratas la capacidad de obligar al caballo a ser unicornio.

Las asimetrías de información de las que deduce “fallas de mercado” son la realidad material de la información dispersa que en su momento Hayek explicó como clave del orden espontáneo evolutivo del mercado. Eso sí es economía de la información. Como en otro sentido Buchanan explicando mediante la teoría económica por qué las fallas del Estado y sus reguladores, serán peores a las que Stiglitz atribuye al mercado.

Pero en la mente de Stiglitz no hay orden espontáneo evolutivo. Hay héroes reguladores sobrehumanos, de infinita inteligencia –como se ve a sí mismo– contra magos malignos del mercado. Así afirma:

“Desde mediados de la década de 1970, las reglas del juego económico han sido reescritas, tanto a nivel mundial como nacional, de manera que beneficien a los ricos y perjudiquen al resto. (…) En los EE. UU., el poder de mercado de las grandes corporaciones (…) ha aumentado incluso más que en otros lugares (…) Esto no solo se debe al cambio a una economía del sector de servicios, se debe a las reglas de juego amañadas, reglas establecidas en un sistema político que está a su vez amañado por la burla electoral, la supresión de votantes y la influencia del dinero. Se ha formado una espiral viciosa: la desigualdad económica se traduce en desigualdad política, lo que conduce a reglas que favorecen a los ricos, lo que a su vez refuerza la desigualdad económica”.

E incluso afirma que:

“…el valor de mercado de los esclavos en el sur era aproximadamente la mitad de la riqueza total de la región (…) basada (…) en la explotación. Hoy hemos reemplazado esta explotación abierta con formas más insidiosas, que se han intensificado desde la revolución Reagan-Thatcher de los años ochenta. (…) culpa de la creciente desigualdad en los Estados Unidos”.

Y muestra estadísticas que sugieren que antes de Reagan y Thatcher las economías estadounidense y británica eran ejemplos de igualitarismo y prosperidad. Tras el New Deal y la redistribución de la temprana post-guerra. Pero los ‘70 fueron una década de inflación y declive económico e industrial en Gran Bretaña y EE. UU. La década de la estanflación y el fracaso del intervencionismo.

Además, como explica Philip Brewer, lo que Stiglitz afirma es que “En las décadas de 1950 y 1960, un hombre podía mantener una familia como clase media con un solo ingreso. Podría sorprenderle saber que un trabajador a tiempo completo, incluso con un salario mínimo, aún puede –en EE.UU.– sostener una familia de cuatro con aquél nivel de vida, al que hoy consideramos –en EE.UU.– vivir en la pobreza”.

Stiglitz decidió olvidar que el capital aumenta la productividad del trabajo y su remuneración. Replantea finalmente el gran mito marxista. Que la acumulación de capital ocasiona empobrecimiento y crisis. Y lo hace en Scientific American, en lenguaje matemático que da apariencia de análisis sistemático al replanteamiento de refutadas falacias de Malthus, Marx y Keynes. Hoy como ayer, tras su prestigio e influencia lo único que hay es narrativa mítica –como si hablara de unicornios– expresada en un formalizado lenguaje matemático. Como la astrología.

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