Mientras países de la región se reúnen para tomar medidas migratorias tras el excesivo flujo de venezolanos, la dictadura chavista asegura que se trata de una excusa “para justificar una intervención internacional”. (PanAm Post)

El régimen de Nicolás Maduro estableció una nueva política de Estado a través de sus más altos funcionarios, pues la orden es negar y burlarse de la migración masiva de venezolanos.

Mientras países de la región se reúnen para tomar medidas migratorias tras el excesivo flujo de venezolanos, la dictadura chavista asegura que se trata de una excusa “para justificar una intervención internacional”.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez ofreció una rueda de prensa en la que aseguró que lo que sucede con los venezolanos es un “flujo migratorio normal”.

“Ha pretendido convertirse un flujo migratorio normal en una crisis humanitaria justificadora de la intervención internacional de Venezuela, no lo vamos a permitir”, dijo.

Pero las declaraciones de Delcy no son las únicas que reflejan desfachatez, pues Maduro se ha dedicado a afirmar que supuestamente el 90 % de los venezolanos que emigraron están arrepentidos y “desean regresar”.

En tanto, el ministro de Información y hermano de la vicepresidenta, Jorge Rodríguez, dijo que los señalamientos sobre crisis humanitaria en Venezuela son un “castillo de naipes” que se construyó con la difusión de noticias falsas en medios de comunicación y redes sociales.

Asimismo, indicó que a los venezolanos que emigran no les permiten integrarse, sino que “los ponen en campamentos” para alimentar el “expediente” que justifique una intervención al país, y acusó a medios de la región de alimentar la xenofobia.

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, también denunció que las imágenes de venezolanos cruzando a pie las fronteras hacia países suramericanos son parte de una campaña “tipo Hollywood” contra el régimen de Maduro.

“Los bajan de los autobuses por Colombia, por Perú, y les toman la foto, y hacen una superproducción tipo Hollywood (…). Es una campaña contra nuestro país”, dijo el dirigente durante su programa de televisión semanal.

Pero las declaraciones que se convierten en política de Estado ahora van acompañadas de shows con aviones y ciudadanos supuestamente desesperados por regresar a Venezuela.

Este lunes 3 de septiembre un grupo de venezolanos llegó a la embajada venezolana en Lima para exigirle a Maduro que les envíe un avión porque quieren ser repatriados; sin embargo, desde hace semanas se conoce que todo es un plan concebido por la dictadura para negar la crisis migratoria y desprestigiar al Gobierno de Perú.

PanAm Post ya había advertido que esto sucedería. Desde hace semanas se conoce que el régimen de Maduro prepararía este tipo de eventos y mandaría posteriormente otro avión para repatriar a los venezolanos supuestamente arrepentidos.

De manera extraoficial, se conoce además que la embajada de Venezuela en Perú ha ido adquiriendo boletos en volumen para regresarlos en vuelos comerciales, como parte de una campaña llena de mentiras y farsas.

Una fuente, que prefirió mantenerse en anonimato, le aseguró al PanAm Post que al menos una decena de los “manifestantes” fueron funcionarios policiales en el estado Aragua; y a cambio de montar este show obtendrán beneficios sociales al llegar a Venezuela.

Al mismo tiempo en que Venezuela niega la migración masiva ante la crisis humanitaria sin precedentes, 13 países de la región buscan acuerdos para hacer frente al masivo desplazamiento de venezolanos, que, según cifras del Parlamento venezolanos y de organismos independientes, han sido cerca de 4.000.000 de personas en los últimos años.

La cita reunirá a las autoridades de los sectores de movilidad humana, migración, políticas consulares, desarrollo e integración de Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia, Chile, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, Bolivia, Uruguay y República Dominicana.

Aunque Delcy Rodríguez califica como “normal” el flujo migratorio de venezolanos, la verdad es que estudios en diversos países revelan que se trata de una “estampida”.

Hasta 2009, con Hugo Chávez como presidente, se estimó que más de 1 millón de venezolanos habían emigrado; sin embargo, entre 2012 y 2015, la emigración de creció un 2.889 %, sumando 1,8 millones fuera del país.

Desde 2015 hasta 2018 el flujo de migrantes venezolanos aumentó 900 %. De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones, en tres años la cantidad de venezolanos en el exterior pasó de 700.000 personas a más de un 1,5 millones regadas por el mundo.

Mientras el régimen niega la masiva migración de venezolanos, los países de la región llevan sus propias cifras oficiales que desmienten a la dictadura de Maduro.

Colombia, por ejemplo, el país más afectado por la “estampida” de venezolanos, emitió un informe con fecha de agosto 2018, en el cual se establece que en ese país hay 935.593 venezolanos.

Por su parte, las cifras oficiales de Perú revelan que en ese país hay 400.200 ciudadanos venezolanos. De acuerdo con el Ministerio de Interior, a la nación andina ingresan diarariamente entre 2.800 y 3.500 venezolanos.

Según datos oficiales vigentes, en Argentina hay 88.357 venezolanos radicados, en Brasil 30.800 y en Chile unos 300.000.

Migración inocultable

Un informe difundo por Human Rights Watch señala que los gobiernos de las Américas deberían definir una respuesta colectiva y uniforme al éxodo de personas que huyen de Venezuela.

“Aunque varios gobiernos han hecho esfuerzos extraordinarios por acoger a los venezolanos que huyen, la magnitud creciente de la crisis requiere una respuesta colectiva y uniforme”, opinó José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.

La historia de la humanidad ha dejado en evidencia que las personas no huyen de las democracias, por el contrario, huyen de las dictaduras más crueles cuando sienten que la situación no va a cambiar, va a empeorar y no tiene solución. Es esto lo que precisamente sucede en Venezuela.

Con la llegada de Chávez y la instauración del “socialismo del siglo XXI”, inició la emigración más grande en la historia del país suramericano, una situación que empeoró con la llegada de Maduro, a tal punto de convertirse en una diáspora comparable a la que sucede en países como Siria en medio de conflictos bélicos.

Solo en cinco años, Maduro afincó el acelerador “pulverizando” los salarios de los venezolanos, “desapareciendo” empresas, empleos, alimentos y medicamentos; acabando con los servicios públicos y “robándose” elecciones. Así consiguió terminar con la esperanza de un cambio por vías democráticas o de consenso.



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