Regulaciones y controles producen economías parasitarias (Ce)

*Por Óscar J. Torrealba

¿Cuáles son las consecuencias de una economía regulada? Los controles buscan resolver un problema inmediato generando otros mayores a mediano plazo. Quien toma las decisiones políticas, sin duda está prefiriendo pequeños beneficios presentes mientras asume grandes sacrificios futuros. El gran problema de los controles sobre el mercado, es que emplean medios coercitivos para lograr un fin inmediato, sin antes analizar por qué motivo se llegó a esa situación no deseada.

Debemos comenzar por señalar que el ser humano actúa con el fin de alcanzar todo lo que desea, tomando a disposición sus conocimientos, sus preferencias, los recursos que tiene disponibles y las reglas vigentes que establecen sus instituciones. Con base en estas y otras variables, el hombre, que por naturaleza actúa y desea, comienza a tomar decisiones siempre con el fin de alcanzar aquello que se propone.

Con todo esto lo que se quiere demostrar es que no importan cuántos controles establezca una autoridad, el ser humano no dejará de actuar, y a medida que las circunstancias vayan cambiando, lo más grave que puede suceder es que los individuos cambien su escala de preferencias, sustituyendo aquello que ya no es posible obtener por otros fines que sí son asequibles. En todo caso, si su objetivo es altamente valorado, el individuo asumirá los costos necesarios mientras considere que obtendrá un beneficio que vale la pena.

Regulaciones progresivas y mayores costos transaccionales

La excusa de todo control comienza por la pretensión de regular alguna falla de mercado, que en muchas ocasiones no son fallas propiamente de un mercado libre sino el resultado de alguna intervención previa. La etapa inicial de un plan estatista se caracteriza por controles puntuales y moderados de ciertos ámbitos de la economía.

Cuando se habla de controles moderados, se hace referencia a medidas políticas coyunturales, que tienen como finalidad crear incentivos para cambiar las tendencias del mercado. Este escenario no plantea una economía centralmente planificada, sino limitar o incidir parcialmente en la acción humana o forzar variables que son producto de éstas: restricciones a la ofertas y la demanda, mayores aranceles, controles de precios, devaluaciones de la moneda, legislaciones, barreras de entrada.

Todas son medidas que afectan las decisiones individuales, y al final crean distorsiones que van desde un aumento de la escasez (siempre relativa) hasta la interrupción de la transmisión de información económica que ocurre mediante la variación de precios.

Todas estas políticas tienen un efecto muy limitado que se va perdiendo con el paso del tiempo. Aparecerán múltiples formas de burlar los controles a medida que los agentes económicos entiendan y asimilen las fallas en su estructura.

Una política intervencionista coyuntural aumenta los costos transaccionales. Las personas se ven obstaculizadas para lograr sus fines previstos debido al incremento del número de requisitos, procedimientos y limitaciones. Más burocracia estatal crea incentivos para que los funcionarios públicos involucrados con tales procedimientos, puedan ofrecer sus buenas ventajas comparativas, apareciendo de esta forma la gestoría, que ofrece una exención de los nuevos costos a cambio de una remuneración monetaria.

Lo mismo sucede con las asignaciones de cupos, límites máximos para la compra o venta, o cualquier política que implique una distribución equitativa de algo que se presume como escaso. Estas medidas incentivan al arbitraje paralelo o mercado negro entre personas que desean menos de lo equitativamente asignado y aquellos que desean más. Al final gana el mercado, pero bajo un contexto hostil y al margen de la ley.

¿Cuándo y cómo se crea la economía parasitaria?

Debido a que el efecto de las regulaciones es limitado, se crean leyes y políticas más agresivas, que van atentando con mayor fuerza contra las libertades individuales. A medida que aumenta el control, aumentan sus efectos negativos y se potencian y perfilan los mecanismos espontáneos para burlar el sistema. Es en este punto donde comienza la economía parasitaria, justo cuando los controles empiezan a generar incentivos más atractivos que las actividades productivas que generan riqueza para un país.

No estamos hablando necesariamente de incentivos monetarios. Las personas directa o indirectamente se sumergen en las implicaciones y en los costos asociados a las regulaciones. Se desvía tiempo, esfuerzo y atención en procurar la obtención de aquello que controla el gobierno.

Individuos que se dedicaban a laborar en el sector formal, progresivamente se van sumando a actividades relacionadas con el arbitraje generado por los controles: reventa de productos regulados y escasos; compra – venta de dólares bajo un control cambiario; gestoría de documentos necesarios para el cumplimiento de procesos burocráticos; comercio informal o al margen de la ley; contrabando; y muchas otras actividades que, en ausencia de controles, no habría necesidad de ser llevadas a cabo.

La economía parasitaria es el resultado de una excesiva aplicación de controles que aumentan costos transaccionales y generan oportunidades de negocio que, en un contexto de destrucción de la propiedad privada, terminan siendo más atractivas que la genuina generación de riqueza. El resultado es evidente: gran cantidad de personas dedicando tiempo y esfuerzo para disminuir o evitar las limitaciones de los controles, esto en detrimento de la producción real y la creación de valor.

No es difícil imaginar las consecuencias de aplicar un manojo de controles junto a políticas violatorias de la propiedad privada, destrucción de la moneda, inseguridad, cobro de vacunas, amonestaciones, saqueos auspiciados por el gobierno, aumento de impuestos y cualquier otra política que destruya todo el aparato productivo. El resultado es una economía parasitaria absoluta dedicada a actividades improductivas, y una sociedad carente de valores, donde los vicios son más útiles y rentables que las virtudes.

* Óscar j. Torrealba es economista UCV. Director de Opuntia Economists. Miembro de CEDICE. Síguelo @DineroFiat 

 



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