Venezuela se ubica entre los casos de inflación más altos que ha conocido la humanidad en su historia. (Twitter)

¿Cómo se sobrevive en un país donde la inflación puede llegar a 1.000.000 %? Se trata de Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del planeta, pero que se convirtió en uno de los más pobres del mundo gracias a la llegada del socialismo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) se vio obligado a revertir su estimación en relación con la economía venezolana. Aunque a finales de 2017 señalaba que el país gobernado por Nicolás Maduro tendría una inflación del 13.000 %, esta semana advirtió que los precios aumentarán 1.000.000 %.

Y es que la economía venezolana está tan destrozada que una familia de cuatro miembros necesita al menos 220 salarios mínimos mensuales para poder sobrevivir.

En Venezuela el salario mínimo mensual es de USD $1; sin embargo, en el país gobernado por Maduro un kilo de queso blanco cuesta 6.400.000 bolívares (USD$1,8), o sea, supera el monto del sueldo base.

Hace una década, cuando esta situación se advertía, muchos economistas decían que en Venezuela no podía haber hiperinflación gracias al petróleo; no obstante, gracias al socialismo se logró destruir no solo la economía sino la producción de crudo.

El economista venezolano, José Toro Hardy, le explicó al PanAm Post que con la nueva estimación del FMI, Venezuela se ubica entre los casos de inflación más altos que ha conocido la humanidad en su historia.

El especialista señaló que la crisis económica en Venezuela se debe a unas “políticas públicas aberrantes” llenas de controles.

Este es el resultado de políticas públicas aberrantes y de un populismo desenfrenado. El Gobierno de Venezuela ha incurrido en un déficit fiscal inmanejable para financiar el flujo de caja de PDVSA que es la empresa petrolera de mercado.

“El Gobierno ha recurrido a exigirle al Banco Central de Venezuela que haga inmensas emisiones de dinero sin respaldo, ese dinero se incorpora a la masa monetaria del país y demanda bienes. Pero como en el país no hay bienes porque destruyeron el aparato productivo mediante expropiaciones, controles de precio, mediante todo tipo de medidas de carácter socialista, lo que han logrado es que haya una escasez de cualquier cosa. En Venezuela no hay medicamentos, no hay alimentos, pero el resultado es que esa inmensa masa monetaria demandando bienes que no existen, lo único que logra es que los precios suban”, explicó.

Ante esta situación generada por el chavismo, el 91 % de las familias venezolanas viven por debajo de la línea de pobreza, y de esa cifra el 65 % enfrenta pobreza extrema.

“Es muy difícil vivir en estas condiciones, primero porque el país se ha empobrecido, porque no hay salario que aguante este aumento de los precios que se suma a la escasez de casi cualquier producto. La gente se está desesperando y viviendo en medio de una angustia terrible y por esa razón muchísimos venezolanos sencillamente optan por abandonar el país”, recordó Toro Hardy.

Antes la primera razón por la que emigraban los venezolanos era principalmente por la inseguridad y los altos niveles de violencia en el país suramericano; ahora la razón principal es porque en ese país es la economía es insostenible.

¿Cómo hacen los venezolanos que se quedan?

Aunque la economía en Venezuela no está dolarizada a la vista, debido a que los salarios se reflejan en bolívares, los ciudadanos de ese país entendieron que para poder sobrevivir se necesitan dólares que finalmente se comercializan en el mercado negro.

Andrés Gómez es instructor de un gimnasio en el país suramericano y es la cabeza de una familia de tres miembros. Aunque gana un sueldo en bolívares, decidió vender productos adelgazantes en dólares para poder sobrevivir. “Si no vendo, no comemos”, dijo al PanAm Post.

Guadalupe Jiménez señaló a PanAm Post que “sobrevive en Venezuela” porque logra despertarse de madrugada para ir a los supermercados y comprar allí los productos a precios regulados.

“Tras varias semanas yendo a los mercados logré reunir varios paquetes de harina, pan, pasta, arroz y aceite; aunque no en todas las ocasiones conseguía los productos regulados, aprendí a moverme donde sé que se pueden conseguir más económicos. En Venezuela no comes lo que quieres, sino lo que puedes y pones tus tarjetas de crédito al tope”, señaló.

Jiménez añadió que también tiene hijos en el exterior que con algunas remesas le ayudan a subsanar la situación; mientras que su esposo hace trabajos remunerados y con eso “de vez en cuando llega platica”. Señaló que “todo lo que entra se destina para comer”.

“A eso agrégale que no hay agua nunca, los productos de limpieza, arreglos del hogar, es imposible costearlos; las casas se verán ahora como vemos los videos de Cuba; serán cascarones muy grandes deteriorados por el paso del tiempo y la imposibilidad de mantenerlos”, concluyó.

Esta es la realidad del país suramericano, donde la prioridad es vivir y trabajar para comer, mientras que millones deciden salir para poder ayudar a quienes se quedan.

Como en Cuba, en Venezuela también se vive de las remesas

En el exterior hay muchos profesionales que por necesidad y en busca de mejorar sus vidas trabajan de mesoneros o venden golosinas en los autobuses; otros caminan las calles vendiendo arepas venezolanas; pero todos con una sola misión: emprender y ayudar a quienes se quedaron en su tierra. Estos exiliados y sus remesas son hoy el “salvavidas” de sus familiares en Venezuela.

Hay que recordar que en el país suramericano hay un férreo control de cambio, donde la libre circulación del dólar (moneda aceptada a nivel mundial) no está permitida, y que al no haber acceso a dicha moneda, el mercado negro es la única manera en que puede adquirirse.

Cada vez son más familias que reciben dinero de un pariente o pareja desde el extranjero y que los alivia con los gastos de comida y medicamentos.

Cálculos de la consultora Ecoanalítica indican que en lo que va de 2018 han ingresado a Venezuela unos USD $6.000 millones en remesas, un monto muy superior al reportado en 2017 de aproximadamente USD $2.000 millones.

De acuerdo con un informe del Havana Consulting Group (THCG), el envío de remesas en efectivo a Cuba desde EE. UU. alcanzó en 2016 los USD $3.444 millones, cifra que representó 2,7 % más que en 2015.

En definitiva, parece que la diáspora venezolana, al igual que la cubana, seguirá creciendo, pues lo que se vislumbra es un continuo deterioro el país; y que el envío de remesas se ha convertido en la forma más viable para que las familias reciban ayuda económica que les permita sobrellevar, de algún modo, la grave crisis.

A todo esto se suman nuevos métodos de sobrevivencia. La salida se ha convertido en comprar dólares en el mercado negro o a través de “casas de cambio digitales”, comprar criptomonedas, trabajar como freelancers para empleadores en el exterior o, en su defecto, viajar para trabajar y regresar al país con divisas.



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