La doble moral no tiene límite en este país; el pasado lunes se hizo viral un video que muestra a un hombre humilde siendo retirado por la administradora de un restaurante del Barrio Manila de Medellín, al parecer, por discriminación.

Cuántas de esas miles de personas que se muestran indignadas por las redes sociales debido a este hecho, no son de las mismas que dejan de entrar a un lugar público porque la gente que hay allí “no es de su altura”, o no son capaces de ir al centro de la ciudad o a una tribuna del estadio que no sea preferencial porque les tocaría compartir el espacio con gente humilde, o peor aun, cuántos no le suben el vidrio al carro cuando en un semáforo un desplazado o una persona pobre se acerca a ofrecerle unos dulces para poder subsistir.

Cuántas veces no se señala en una ciudad como Medellín a la gente humilde y trabajadora mientras al mismo tiempo se le hace la venia a los traquetos que todo se lo han conseguido matando y traficando.

Y ese es precisamente el caso de Valeria Lotero, la mujer que grabó el video en el restaurante para someter a la dueña de este a un escarnio público, pero que al tiempo que hace esto, es la madre de un hijo de Martín Cárdenas, el hijo de un capo de la mafia asesinado a finales de los 80 por Pablo Escobar en Medellín.

Es decir, para acabar con la honra y el trabajo de una persona por cometer un error, que hoy explica que el señor trabaja hace diez años en esa zona y que le permite entrar a recoger su propina, está presente esta mujer junto a su supuesta indignación, pero para rechazar el enriquecimiento ilícito y la cultura mafiosa que tanto daño le ha hecho a Colombia, ahí si no.

Lo más particular de la historia es que finalmente don José, el hombre supuestamente desplazado del lugar explicó esta mañana a algunos medios que la dueña del restaurante al que hoy medio país le cae con todo, ha sido muy buena con él y con frecuencia le da plata o comida.