Una vez electo Iván Duque como presidente de Colombia  muchos integrantes del Centro Democrático celebraron a rabiar, y más allá que por el triunfo del Partido lo hicieron por las cuentas que ya tenían hechas sobre la mermelada que pensaron, ahora les tocaría a ellos.

Pero Duque, fiel a lo que prometió en su campaña, decidió no darle ni a los de otros partidos ni a los del suyo propio, él es un convencido de que el mejor legado que le puede dejar a este país es el de acabar de una vez y por todas, con el clientelismo y la burocracia.

Esta actitud les cayó muy mal de algunos integrantes del Partido pero especialmente, a la Senadora María Fernanda Cabal, quien se ha dedicado desde entonces a difamar, uno por uno, a los funcionarios nombrados por el actual gobierno, la mayoría de estos con hojas de vida impecables y estudios de altos estándares.

Cabal no ha podido con la dura derrota de su esposo José Felix Laufarie para la Contraloría; no haber contado nisiquiera con el apoyo del presidente para dicha elección, la dejó con más rabia y rencor que de costumbre. Será entonces el expresidente Uribe quien la tenga que frenar en sus declaraciones y acusaciones, pues son personas como esta las que desestabilizan no sólo un partido sino a todo un gobierno.