Como fiel seguidor de la pluma Garciamarquiana me agradó la intersección literaria en el discurso de Gustavo Petro en su cierre de campaña en Bogotá donde evocó la segunda oportunidad que necesitan las estirpes que vivieron “Cien años de soledad” refiriéndose a los años de violencia y desigualdad al que han condenado al pueblo colombiano, originado por el intercambio cotidiano de poderes entre la rancia oligarquía que disfruta a placer en sus exclusivos clubes mientras el pueblo raso se mata por creer defender una ideología de salvación irreal. Pero la transformación social y la oportunidad que el candidato Petro quiere, en su discurso, para los colombianos, debe partir de una gran estructura de apoyo que tome decisiones y ubique el norte de forma colectiva, creando así un verdadero frente de cambio donde no todo dependa de la andanada de un Moisés que abre las aguas y lleva las riendas de todo sin pensar que del mundo no es el eje, eso sanaría a la orilla alternativa de su actitud cuasi caudillista y controlaría a gran escala el despilfarro de odios, ocupando así la atención en verdaderas estrategias humanas.

Si seguimos hablando de las técnicas de trasformación social, a la candidata vicepresidencial Claudia López solo se le ocurre que “Hay que embolatarles las cédulas a las tías uribistas” (Articulo 395. Ocultamiento, retención y posesión ilícita de la cedula. El que haga desaparecer, posea o retenga cedula de ciudadanía ajena u otro documento necesario para el ejercicio del derecho al sufragio, incurriría en prisión de 4 a 8 años, …) pues, si esas son las estrategias de cambio haciendo apología al delito y llevando el mal ejemplo a los jóvenes colombianos, apague y vámonos. Todo deber de una línea alternativa es ser lo opuesto, de las malas prácticas, de su otro extremo, si no hay diferencias entre estas dos posiciones, seguimos en las mismas, como cuando Uribistas y Petristas se descalifican de formas tan horrendas que uno no llega a encontrarles la diferencia, se parecen tanto que solo es cambiarles el mesías por el Moisés.

El panorama presidencial es sombrío. Gustavo Petro, habla de fraude a una segura victoria de él, es más si fuera por su séquito el mejor consejo es sumar sus asistencias a la plaza pública y sus fotos en Twitter y listo, ahorrarnos la plata de las elecciones. Vargas Lleras, solo hace lo suyo; aceitar las maquinarias, apretar líneas, y un pueblo esclavo que entregó su dignidad hace siglos y que respondió hace escasos meses en las parlamentarias, es de tener en cuenta más que las encuestas. Iván Duque que sin experiencia de nada, deja todo en manos del Senador Álvaro Uribe que se mueve tratando de despertar el Uribismo que endosó al Santismo hace ocho años, el cual los traicionó y los llevó a sufrir de dos periodos de sequía, no le favorece que el historial laborar del candidato está muy ligado al presidente Juan Manuel Santos, esto antes de su cambio de bando que lo llevó a ser Senador y ungido del Uribismos, no es buena señal, cero garantías, por eso aumento el número de disidentes y brazos caídos. Fajardo un tibio que como en la biblia no tiene salvación, ni opción, está esperanzado en que es el que tiene más opciones, según las encuestas, de ganarle a todos los candidatos de derecha en la segunda vuelta, pero uno se pregunta: ¿está peleando con Humberto De la Calle y el Voto en Blanco el último lugar, y está pensando en la segunda vuelta? Por favor. Humberto De La Calle, un bacán, con mucha historia de país detrás de él, y que en lo más consiente sería lógico que estuviera en la pelea para lograr un gobierno de transición para los acuerdos de paz con las FARC, que nos guste o no, son una realidad, a medias, pero realidad, se sorteó entre múltiples desatinos, como por ejemplo su vicepresidente y su falta de posición a tiempo, quizás en espera de un Santos que no cumple ni años, hoy lo dejan en el aire unas elecciones utópicas y extremistas.

Las cartas están sobre la mesa, se acerca el día de la partida final, si hay segunda vuelta llegarán muchos resentimientos por la naturaleza de las alianzas en esa fase final, por lo general la izquierda o la derecha ortodoxa, que siempre han visto el mundo a blanco y negro, terminarán indignadas con la dinámica de los acuerdos que para algunos es traición a sus ideologías y para otros la única forma de supervivencia en el acuerdo de lo fundamental, el statu quo de la mermelada y otras cosas, que eso sí, para la derecha siempre ha sido de normal manejo.

Lo más importante de todo es votar no por los miedos que siembra la desinformación sino votar por las esperanzas. Cuando menos se tiene más vale nuestro voto. Es hora de edificar con él.  Que no se pierda la cédula en nuestra cartera ¡salgamos a votar!

Por: Andy Romero Calderón

Fuente: andyromeroblog