Muchos psicólogos dicen que las actitudes de los seres humanos son adquiridas. Otros difieren y opinan que puede que se adopten ciertas costumbres.

Sin embargo, la esencia humana siempre sale a relucir y precisamente eso debe pasarle a la familia Guerra Hoyos, pues el concejal Bernardo Alejandro Guerra ha seguido de cerca los pasos de su padre, el socio del cartel de Medellín, Bernardo Guerra Serna; y ahora la hija del edil, Alejandra Guerra, no se quedó atrás y por años ha actuado sigilosamente en contra de las leyes, al lucrarse con dinero del estado antioqueño.

El concejal ha hecho lo que le da la gana desde el Concejo de Medellín, desde aprobar o gestionar contratos por pauta publicitaria, a través de Telemedellín, para sus hermanitos Andrés, Federico y Fanny Patricia; por medio de la emisora Ondas de la Montaña y la Fundación Sembremos País.

Pero ahora sale a la luz pública la verdad sobre los recursos que le diera a su hija Alejandra, quien es contratista del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, y cuyos contratos serían para apoyar en “la conceptualización, creación y presentación de los proyectos de parque de borde en los municipios” involucrados. Pero lea bien, en 2017 fueron tan solo 18 millones de pesos. ¡Casi nada!

Eso no fue suficiente, como era de esperarse, y Bernardo Alejandro Guerra, pensando que no podría ser pillado, en enero de 2018 firmó un contrato por 31 millones de pesos y, en septiembre de este año, otro por 21 millones.

Contratos de Alejandra Guerra: 395576097-Contratos-Alejandra-Guerra

En tan solo un año le dio a su hija Alejandra 70 millones de pesos, un poco menos de lo que le dio al precandidato a la gobernación de Antioquia por el Centro Democrático en dos ocasiones.

Los contratos celebrados por Alejandra Guerra son pagados con los recursos que provienen de la sobretasa ambiental, dinero que es aprobado por el Concejo de Medellín para la protección del medio ambiente, pero lo que buscaban en realidad era protegerse el bolsillo.

Nuevamente se demuestra que la familia Guerra ha violado, sin remordimiento, la ley de inhabilidades, que prohíbe que parientes cercanos a un concejal puedan lucrarse de dinero público. Pese a eso, Guerra Hoyos no se declaró impedido.

Hay pruebas que indican que el concejal estuvo en cada uno de los actos que se ejecutaban desde el seno del concejo, los cuales beneficiarían a su familia de manera directa y más a su hija Alejandra, propietaria de un apartamento afectado por la crisis del Space y a quien su padre le ayudó cómodamente a ahorrarse millones en impuestos. ¡Qué afortunada!

¿Será que está en guinde su curul? Si no es así, sus colegas deberían pensarlo bien.