La llegada del Presidente Iván Duque a la Casa de Nariño tiene varios significados para la historia política de Colombia, pero fundamentalmente y lo trascendental es la llegada al poder de una generación que lo ha tenido todo, que se preparó en lo académico y profesional para gobernar con los requisitos y exigencias que exigen los tiempos modernos. 

Tengo que ser honesto, como siempre lo hago en mis escritos. Estoy sorprendido para bien con las primeras designaciones realizadas por el Presidente Duque. Cada uno de los ministros tiene calidades particulares y conocimientos probados en referencia a las carteras que asumirán en las próximas horas. Creo, sin tener la certeza, que es el primer Presidente que escoge su equipo ministerial sin acudir a ningún directorio político para que le suministre hojas de vida, y menos, aceptando recomendaciones o endosos. La gran mayoría de los ministros vienen de ocupar cargos o desempeñar labores académicas y científicas en gremios, universidades o asociaciones, lo que permite prever un extraordinario desempeño y diálogo entre el gobierno y los diferentes sectores de la vida productiva, académica, social, gremial, sindical y cultural de Colombia. 

El País que recibe el Presidente Duque, no es el mejor, por el contrario, la estadística que rigen la suerte de los estados son angustiantes: la económica. Estamos al borde de la quiebra, la deuda externa se desbordo, la inversión privada y extranjera se frenó gracias a la incertidumbre generada por los acuerdos de La Habana, donde pone en riesgo la propiedad privada, el desempleo se desbordó, y la economía informal es la norma. 

Pero lo más grave, la peor que hereda el gobierno de Duque, es la desestabilización institucional. En Colombia nadie tiene seguridad, confianza o respeto por las Instituciones democráticas. La Justicia soporte fundamental de las democracias no goza de credibilidad y confianza, la gente cree que las decisiones judiciales se someten a subastas económicas por parte de los jueces, y la hecatombe, fue conocer que varios magistrados de la honorable Corte Suprema de Justicia, entre ellos un expresidente, estén procesados y detenidos por corrupción. La Corte Constitucional, garante de los deberes y derechos constitucionales, se convirtió en parcelas ideologías y en otro poder legislativo. Ni hablar del Congreso de la República, y del orden descentralizado. 

Santos, deja otra herencia maldita para el Estado, la Nación y el bien común. Aquí estamos cogobernados por el imperio criminal de las drogas ilícitas. Desde que la Corte Constitucional avaló la dosis personal, el consumo se disparó y como efecto domino, los cultivos ilícitos inundaron los campos, zonas de protección ambiental, avanza sin control alguno, gracias a otro pacto de La Habana, la prohibición estricta de fumigaciones aéreas o terrestres. El narcotráfico es el combustible de las organizaciones criminales y de las “disidencias” de las Farc y del ELN, los mismos que están asesinando a los llamados líderes sociales, policías y militares o a quien se oponga en su empresa criminal. 

Son grandes y complejos los retos que asume el Presidente Iván Duque. Los colombianos esperamos que por fin este gobierno realice las grandes reformas que necesita el país y que pasan por la Justicia, Salud, Educación, Política Electoral y a la estructura administrativa del Estado. Este Gobierno es de cuatro años, lo que exige prontitud y concertación política con las diferentes bancadas del congreso para sacar adelante y aprobar la extensa y ambiciosa agenda legislativa que tiene y viene trabajando con su equipo ministerial y de asesores el Presidente Duque. 

La gran expectativa que tenemos los electores de Iván Duque, y también sus opositores, es conocer cuáles serán las determinaciones que adoptará frente a la otra constitución política que nos impusieron las FARC, Santos y el establecimiento bogocentrista. Millones de colombianos rechazamos el acuerdo de impunidad en las urnas, y millones de colombianos apoyamos al candidato Duque, por sus posturas moderadas, pero contundentes contra el acuerdo que premia a los criminales de las Farc. Esperamos que se honre la Justicia y la promesa de campaña. 

Iván Duque, llega al poder con legitimidad, con credibilidad, con el apoyo de la mayoría de los colombianos, la gente tiene la Fe puesta en él, tendrá todo nuestro respaldo, apoyo y defensa, pero no archivaremos nuestra vocación critica, analítica y de control político, es lo mejor que le pueda pasar al Gobierno de Iván Duque, que los suyos no operemos como comité de aplausos.  

Dios guarde y proteja a nuestro nuevo Presidente. 

Por Laureano Tirado