Una de las pocas imágenes que compartieron como Presidente de la Nación y Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Estos cargos los tuvieron en simultáneo entre 2007 y 2015. Por capricho de Cristina, no hubo paso de mando ni foto de entrega de la banda presidencial. (Twitter)

Aunque, en teoría, representan los dos polos opuestos de la vida política argentina, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri tienen algo en común. Ante el debate de los incrementos de tarifas de gas, tanto la exmandataria como el actual presidente tuvieron manifestaciones con algo de verdad, pero también con mucha hipocresía.

PanAm Post analiza los dichos del líder de Cambiemos, que hace referencia a los precios de mercado (solo cuando le conviene) y de Cristina Kirchner, que ahora que está en la oposición se dio cuenta que el Estado lo financian los contribuyentes.

La “Cristina liberal”

En el debate del Senado, donde se discutía sobre quién pagaba la diferencia de las pérdidas de las distribuidoras de gas luego de las últimas devaluaciones, la expresidente tuvo palabras lógicas, que no llamarían la atención sino fuera ella la que las emitió:

Leo hoy que aparentemente sería el Poder Ejecutivo en un 50% el que se haría cargo, y las petroleras en el otro 50%. También escucho que dicen que los usuarios no se van a hacer cargo. Pero ¿quién piensa que es el Estado? ¿Quién va a sacar la plata del bolsillo? ¿Macri?“.

La actual legisladora multiprocesada, luego de los 12 años de despilfarro kirchnerista ahora propone “ponerse a pensar seriamente en la legalidad de afectar recursos públicos para equilibrar balances de compañías privadas”.

Sus palabras tienen todo el sentido del mundo. Evitar que la gente pague en la tarifa de gas lo que le será extraído vía impuestos es  lo mismo. De la misma manera que era exactamente lo mismo pagar mediante inflación y emisión monetaria los subsidios a las empresas que “congelaban” las tarifas.

Los argentinos por doce años pagaron lo mismo de agua, gas y luz, pero cada vez que hacían las compras se multiplicaban los precios de todos los productos. Todo esto sin mencionar la desinversión en el sector energético que generó este plan peronista, que terminó en desabastecimiento e importación.

A los problemas que heredó el macrismo (y los que ya creó Cambiemos) definitivamente no se les puede buscar solución lógica en el recetario kirchnerista.

Precios de mercado para la energía, pero distorsión para lo que beneficia al Estado y sus amigos

Por el lado de Mauricio Macri, las contradicciones no dejaron de ser tan escandalosas como las de Cristina Fernández. El presidente argentino, en el marco del mismo debate, indicó que le da “bronca” que algunos piense que sube la energía por su capricho. “Lo aumento porque es lo que vale. La energía se liga al precio internacional del petróleo. Todo es una cadena“.

En una de sus visitas documentadas a ciudadanos a lo largo del país, el presidente argentino puso énfasis en algo lógico: no es “un capricho” que la gente pague lo que vale la energía, si se apunta a dejar atrás las distorsiones que dejó el gobierno anterior.

Como ocurre con su predecesora, es oportuno darle la razón, pero a medias. No hay dudas que los argentinos, si desean tener un sistema energético sustentable deben pagar por lo que consumen, pero esto debería aplicar a todos los ámbitos de la economía.

Los argentinos no pagan la tecnología, en palabras de Macri como “lo que vale”. El modelo de sustitución de importaciones y los altos aranceles obliga a que una persona pague fortunas por un televisor, una heladera o cualquier electrodoméstico.

Los argentinos tampoco pueden acceder a un empleo gracias a “lo que vale” un trabajador. La regulación laboral, como los impuestos al trabajo, limitan la creación de empleo formal creando un cuello de botella que perjudica sobre todo a los que menos tienen.

En Argentina el Estado tampoco “vale lo que vale”. Mientras los impuestos son de los más altos del mundo, los servicios que se brindan en contraprestación son malos y la gente, que tiene posibilidad, tiene que salir a buscar servicios como salud y educación, los que pagan en duplicado.

Estos impuestos, de la mano de las regulaciones delirantes, impiden el emprendedurismo y la creación de nuevos espacios que generen empleo. Un argentino con una buena idea, pero sin una fortuna detrás, como diría Macri, no “vale” nada. Las posibilidades que otorga la economía cerrada argentina generalmente se limitan a la salida del país o a un trabajo en dependencia mal pago. Los profesionales en Argentina sin duda no “valen lo que valen”.

Mientras la ciudadanía de a pie se perjudica por estas distorsiones del Estado, los empresarios prebendarios y los burócratas viven llenos de privilegios. Macri tiene razón cuando pide que se acabe el populismo, pero parece que solo quiere retocar las cuestiones que le afectan al déficit fiscal. Por ahora, los únicos que hacen el “ajuste” son los ciudadanos de a pie.



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