Los refugiados sirios que trajo Mujica, ¿a quién benefició? (T)

El “documental” de Emir Kusturica sobre el expresidente uruguayo titulado “El Pepe, una vida suprema”, es una muestra de cómo se puede hacer pasar ficción por realidad. José Mujica ostenta gran habilidad para hacerse pasar por quién no es realmente.

Una muestra paradigmática de cómo actúa Mujica en la vida real, es lo relacionado con los refugiados sirios que trajo a Uruguay.

“Casualmente”, ese propósito lo expuso siendo presidente en 2014, cuando tenía enfocadas sus energías en tres objetivos: Obtener el Premio Nobel de la Paz, para el cual había sido postulado. Que el Frente Amplio (FA) ganara las elecciones nacionales de ese año (cuya chance estaba comprometida) y que su sector –el MPP- fuera el más votado dentro del partido para así retener el poder.

Acoger a niños sirios en nuestro país fue una iniciativa promovida por Mujica. Lanzó la idea cuando los ojos del mundo estaban puestos sobre la tragedia que asolaba a los habitantes de Siria. Al principio dijo que le gustaría consultar al pueblo uruguayo al respecto, pero no lo hizo: los tiempos apremiaban porque se acercaba la fecha de las elecciones y era obvio que procuraba que llegaran antes de los comicios. Asimismo, da la impresión que el “humilde” Pepe quería concentrar sobre sí todos los focos internacionales.

Mujica lideró el programa uruguayo para refugiados sirios. Los que fueron traídos a nuestro país fueron seleccionados por un equipo de su gobierno

Las cinco familias (42 personas) arribaron el 9 de octubre. O sea, un par de semanas antes de los comicios. Su llegada fue publicitada a los cuatro vientos “como prueba de la solidaridad de la izquierda gobernante uruguaya con los perseguidos del mundo”.

Mujica los recibió en el aeropuerto y se retrató con ellos. En la página web de la presidencia se posteó que “los refugiados sirios fueron agasajados con galletitas, otros bocadillos y especialmente golosinas, pelotas de fútbol y juguetes para los niños y niñas, que constituyen la absoluta mayoría del contingente”.

Mujica saludó uno por uno a los integrantes del grupo de extranjeros. Luego los acompañó hasta el lugar donde iban a residir temporalmente y almorzó con ellos.

En vísperas de las elecciones les llevó de regalo unos zapallos cultivados en su chacra y unos frascos de tomates. Por supuesto que también en esa ocasión fueron avisados los canales de televisión para que difundieran la imagen de “un presidente solidario, humano y diferente”.

Lo que no se divulgó a nivel internacional, fue el uso que le dieron a la foto que les sacaron a los niños sirios recién llegados. Fue utilizada como imagen propagandística del MPP, el grupo político de Mujica.

Mujica logró la mayoría de sus objetivos: que el Frente Amplio retuviera el poder, que él saliera senador y que el MPP fuera el sector más votado.

Al conocerse los resultados, Mujica  confesó que “cuando aparecieron las encuestas en las pasadas elecciones nacionales, hubo reconocidos dirigentes que fueron a mi despacho para pedirme expresamente que siendo presidente de la República interviniera en la campaña política para asegurar el triunfo del FA”.

“Por más que les dije que la Constitución me lo prohibía […] yo me ingenié para salir por todos lados como pude. Lo hice a cara de perro. No tengo empacho en confesarlo, pero no puedo dejar de ser frentista y militante”.

Como si eso fuera poco, ignorando que el presidente electo era Tabaré Vázquez, Mujica con soberbia proclamó: “¡Este Gobierno es mío!”.

No se quedó en meras fanfarroneadas. Dado que a él le responde la bancada parlamentaria mayoritaria, es quien impone la legislación.

La gente que admira a Mujica por su supuesta “pobreza”, no percibe que el motor de su vida no es el dinero (no tiene hijos a quien dejárselo) sino el poder.

Por tanto, a Mujica le fue muy bien trayendo a los sirios. Lo único que no pudo conseguir fue el Premio Nobel pero multiplicó su fama internacional, con los beneficios que eso acarrea.

Ahora veamos cómo les ha ido a los refugiados sirios.

En dos ocasiones (2015 y 2017) esas familias acamparon frente al Palacio de Gobierno para llamar la atención sobre su situación. Han declarado que querían irse de Uruguay porque las cosas aquí no eran como se las habían pintado.

Ibrahim Alshebli, uno de los pocos que habla español, declaró que el gobierno a su familia le otorgó una chacra de 35 hectáreas en el interior del país, pero sin herramientas, “no hay nada”.  Manifestó que “Nosotros tenemos otras costumbres. Hace dos años que no hacemos nada. La vida acá no es para nosotros. No hay trabajo, por ejemplo no nos acompañan. No es solo ayuda económica la vida”.

Con dureza afirmó que el programa que los trajo “Es un programa de mierda […]
cuando llegamos teníamos ganas y expectativas. Después empezó a fallar el programa ese”. Denunció que “Vinimos acá para buscar una vida y nos engañaron en muchas cosas”.

Agregó, que “Nos dijeron que había trabajo, que íbamos a tener una vida nueva, que el sueldo estaba muy bien acá, pero nos encontramos con que no hay nada […] Los mismos uruguayos nos dicen que es muy difícil vivir acá, si salimos de acá, mucho mejor. Cualquier país es mejor que acá […] Pensé que iba a conseguir un buen trabajo y tener una buena vida, pero llegué y era otra cosa: nos mintieron”.

Estos refugiados están descontentos con la forma en que los trató el gobierno, al que acusan de incumplir las promesas que les hicieron cuando estaba en un campo de refugiados en Beirut. Expresan que en Uruguay “se vive mal, se pasa hambre, falta seguridad y no hay futuro”.

Por su parte Maher Aldees, jefe de una de las familias, aseguró que el gobierno uruguayo los engañó con “palabras muy lindas”. Pero estando aquí constataron que no es la vida que les prometieron. Manifestó que “vivir en el Líbano era mejor que acá”.

A otro de los jefes de familia, Mere Alshibli, se le caían las lágrimas mientras dialogaba con la prensa. Con angustia manifestó: “Es duro el momento que estamos pasando señor, siento dolor en el pecho por lo que estamos viviendo, muchos hijos, se termina el programa de ayuda y nos mintieron sobre lo que nos iba a dar el gobierno”.

Debido a la falta de herramientas, no ha podido sembrar ni un almácigo. Alshibli afirma que “El Pepe Mujica, pura lengua […] Iba a dar tractor para trabajar, una semana, dos semanas, tres semanas, un año y ahora aquí sin nada”.

Recientemente Maher Addis -con ayuda de un familiar que está radicado en Alemania- pudo retornar a Siria, llevando con él a su familia. Desde allí declaró que está feliz a pesar de la guerra y que no piensa volver “nunca más” a Uruguay.

Fue muy crítico del programa ideado por Mujica. Señala que “fue un desastre”, que en ningún momento se pensó seriamente en sus preocupaciones. Cuando se les propuso venir, les pintaron un país totalmente diferente. Enojado expresa que “Ellos traer al Uruguay y después dejarnos como en la calle con un poco de ayuda y nada más”.

En conclusión, queda claro quién fue el gran beneficiado con esta iniciativa “humanista” de Mujica.

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