Carlos Andrés Trujillo es un político paisa, ex alcalde del municipio de Itagüí y hoy Senador de la República, que se dio a conocer a nivel nacional por adjudicarse premios que nunca obtuvo, por escándalos de corrupción en los que siempre estuvo involucrado y por su estrecha relación con el excabecilla de la oficina de Envigado, alias El Cebollero.

De su gestión como alcalde se habla tanto como se dice que se inflaron sus cifras, y que de la famosa reducción de homicidios de su municipio no se debió más que a un pacto entre él y las Bacrim de las zonas que a la vez eran manejadas por su socio “El Cebollero”.
Para acabar de ajustar es además de los confesos santistas que hoy pretenden militar en la coalición de gobierno de Iván Duque creyendo que allí van a encontrar más de la misma mermelada.

Y todo sin contar que es seguramente debido a esto que sin nisiquiera estar posesionada, ya cito a la nueva ministra de Transporte Ángela María Orozco a un debate de control político sobre “su gestión”.

¿Es esta la forma de empezar Trujillo a sobornar funcionarios para conseguir sus puestos? Pues si es así se quedará, como dicen por ahi, “mamando”; pies si algo ha demostrado el presidente Duque con sus designaciones es que el tiempo de la mermelada terminó y que ahora se viene un gobierno técnico, efectivo y sin burocracia.