¿Es México, después de Venezuela, la próxima “vaca gorda” de los Castro?
(Fotomontaje: PanAm Post)

Han corrido ríos de tinta tratando de explicar cuál es la auténtica naturaleza de la dictadura cubana. Sin embargo, una caricatura que circula por las redes sociales transmite magistralmente su esencia: hay dos vacas, una consumida hasta los huesos y la otra gordita y saludable. Una persona está trasladando su banco desde la vaca que está exhausta hacia la que tiene sus ubres rebosantes de leche y expresa: “ahora, ha ordeñar a esta otra”. La primera vaca se llama “Venezuela”; la segunda “México”; y el ordeñador “Cuba” (o mejor dicho, la familia Castro).

A esta altura ha quedado claro que la “ideología” de Fidel es la del parásito. Tuvo habilidad para encontrar dirigentes complacientes que no han tenido empacho en convertir a sus respectivos países en “huéspedes” de su parasitismo. Y, como señala la doctora María José Cabrera, el “éxito de un parásito se mide por su capacidad para adaptarse e integrarse al hospedero y no por los trastornos que le causa”.

Teniendo en cuenta esa definición, el castrismo ha sido muy exitoso. Veamos por qué. La imperialista ex Unión Soviética succionaba las riquezas de sus “estados satélites” y los obligaba a producir en su beneficio. Sin embargo, Fidel se la ingenió para recibir de Moscú abundantes recursos.

Clive Foss –catedrático de la Universidad Georgetown (USA)- en un libro titulado “Fidel Castro” expone que “durante décadas, la URSS había ido inyectando dinero al comprar muy caro el azúcar [a Cuba] y vender el combustible barato. Cuba había costado a los rusos doce millones de dólares por día; al final la deuda ascendía a 18 300 millones de dólares”.

Algo análogo ocurre en su relación con Venezuela. El analista financiero Orlando Zamora expresa que en 17 años, Cuba recibió de dicha nación USD 40 000 millones en petróleo y dólares. Incluso hoy, que Venezuela sufre una crisis humanitaria y que desde hace días está fallando el sistema eléctrico en la mayor parte del país –lo que está costando vidas humanas- Cuba la sigue “ordeñando” sin piedad. Con impudicia la dictadura chavista le continúa regalando unos cincuenta mil barriles diarios.

La sordidez de la explotación cubana se exhibe sin tapujos. Como señala Sabrina Martín, “mientras los venezolanos viven una escasez de alimentos y medicamentos sin precedentes; y una crisis económica enmarcada en la inflación más alta del mundo y los salarios más bajos de la región, Maduro regaló (a Castro) entre junio y agosto unos USD 248 millones”.

Por supuesto que cada una de las partes voluntariamente involucradas en este sistema parasitario persigue sus propios objetivos. La ex URSS buscaba integrar a su bloque comunista a las naciones latinoamericanas y utilizaba a Cuba como cabecera de puente. Por su parte, Fidel y su hermano Raúl, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello buscan riqueza personal y obtener inmenso poder. El siguiente en la lista de la infamia parecería ser el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (roguemos que no sea así).

El secretario general de la OEA –Luis Almagro– ha descripto al carismático Fidel sin tapujos. Su mensaje en un video que publicó a raíz del 60 aniversario de la revolución cubana comienza con una afirmación contundente: “la dictadura en Cuba es probablemente el ejemplo más perfecto de la mitología de la miseria y las violaciones de los derechos humanos.”

La calificó como “una revolución jinetera” que brinda los “servicios más infames, como reprimir, hacer inteligencia represora interna o torturar”. Por eso tiene tantos clientes. Son aquellos que aspiran a subyugar a sus pueblos, entre los que se cuentan los fracasados revolucionarios de ayer y de hoy, cuyas aventuras se saldan “con un altísimo costo de muerte y violaciones de derechos humanos y sufrimiento de la gente”.

La “ideología” de la revolución cubana es un cuento chino, así como la del chavismo. Está hecha de sofismas con los cuales los líderes pretenden ocultar la verdad: lo que realmente mueve a los Castro, Chávez, Maduro y Cabello es el afán de dominio pero sobre todo, la codicia. Para ellos, cualquier camino es válido para obtener sus fines. Es por eso que como señala Almagro, “la cubana fue la primera dictadura en el continente que se introdujo en el narcotráfico y en el crimen organizado” como demostró el fusilamiento del general Ochoa en 1989.

La prueba de que el afán de riqueza -sin tener las aptitudes para obtenerla en forma honesta- es el sustrato del castrismo y de chavismo, es la colosal herencia que tanto Fidel como Chávez dejaron a sus familiares.

Con respecto a Cuba, Fidel y Raúl mantuvieron las apariencias. Pero cuando obtuvieron la aquiescencia de Chávez para invadir a Venezuela, la cosa cambió. Fue entonces cuando la perversidad de sus almas se mostró al desnudo y con Maduro en el poder, se dejó de lado cualquier disimulo.

Castro tiene claro que su propia supervivencia depende de que la dictadura chavista no caiga. Ergo, es imprescindible sostenerla y apuntalarla. En consecuencia, les enseñaron a los líderes chavistas a hacer lo que fuera necesario para mantenerse en el poder. Por lo menos, hasta que AMLO haya logrado introducir los cambios necesarios para tomar la posta de Chávez y de ese modo convertir a México en el “huésped” de la sanguijuela cubana. Porque como expresa Almagro, el rasgo distintivo de la revolución cubana es “vivir de lo que sacan de otros (tanto a los cubanos como a otras naciones) aún de la manera más sórdida”.

Almagro denuncia que actualmente hay 46 000 cubanos en Venezuela que constituyen “una fuerza de ocupación, que enseña a torturar, a reprimir, que hace tareas de inteligencia”. Por su parte, Cubanet señala que el control ejercido por Castro alcanza incluso al Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela, donde implantó al jefe de la mesa situacional que es un general cubano.

Jesús de León informa que desde ahí, “los militares cubanos controlan el servicio de inteligencia venezolano, conocido como SEBIN, comandados por oficiales cubanos, que también reciben instrucciones desde Cuba del ministro del Interior”.

Desde que el “fenómeno Guaidó” pateó el tablero de lo que parecía una situación consolidada, la presencia cubana ha sido reforzada. Actualmente, están acantonados en Venezuela 3 700 agentes de la seguridad del estado de Cuba, “de los cuales 150 están asignados a la seguridad personal del dictador Maduro”.

Esto explica por qué aún no ha caído el régimen chavista y por qué Maduro declaró recientemente que su salida no es algo que dependa únicamente de su voluntad sino de la de muchas otras personas.

Dado este contexto, daría la impresión de que por fin los que desean que retorne la democracia a Venezuela, están pegando en el clavo: debilitar a Cuba es la forma idónea para liquidar a la dictadura chavista.

En ciencias naturales se sabe que un parásito libera al organismo cuya vitalidad está succionando cuando percibe que su propia existencia peligra si lo sigue haciendo.

El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, y sus aliados internacionales, se han dado cuenta de eso. Se están moviendo en la dirección acertada al anunciar: “Hemos solicitado y decretado no más envío de petróleo a Cuba […] Solicitamos también la cooperación internacional para hacer efectiva esta medida.”

Si tienen éxito en expulsar a la sanguijuela castrista, no solo los venezolanos se verán beneficiados sino también los mexicanos y el resto de los latinoamericanos.

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