Nos hablaron de libertad. Hoy, nos masacran.
(Foto: EFE)

Por María Oropeza*

Recuerdo mi infancia escuchando las cadenas nacionales de Hugo Chávez, que parecían interminables. Si no tenías algún “paquete” con medios internacionales para tu televisión, era casi imposible ver algún programa de entretenimiento o comiquitas que no fuese escuchar las anécdotas, falacias y malos chistes del difunto durante largas horas. 

Para los que nacimos en la década de 1990, se nos hacía un tanto difícil poder distinguir entre la educación académica y el adoctrinamiento político, ya que era la misma escuela la que te regalaba una libreta con dibujos para colorear a la familia de Chávez. Ni siquiera te dabas cuenta. 

Pero nací en una familia consciente y pensante, afortunadamente, que pese a todo me dejaron muy claro los valores con los que hoy puedo discernir entre lo bueno y lo malo. 

Y desde luego, el socialismo con su traje de chavismo nunca ha sido bueno. 

Tanto en el régimen de Chávez, como en el de Maduro, siempre fue usual escuchar los fantasiosos mensajes y analogías que en la realidad solo eran una farsa.

Nos hablaron en contra los ricos; hoy ellos son ricos y nosotros pobres.

Nos hablaron de los indígenas; hoy masacran nuestros pemones.

Nos hablaron de tomar los medios de producción para el pueblo; expropiaron y quebraron todo.

Nos hablaron de igualdad; hoy las madres pasan largas horas en colas para adquirir harina.

Nos hablaron de educación gratuita; hoy la deserción estudiantil supera el 40%.

Nos hablaron de salud gratuita; hoy la gente muere en hospitales por falta de insumos.

Nos hablaron de ecología; hoy sus mafias han destruido nuestros bosques en busca de oro y coltán.

Nos hablaron del amor por los niños; hoy más de la mitad se va a la cama sin comer.

Nos hablaron del amor por los ancianos; hoy hacen interminables filas para cobrar una pensión que no les alcanza para comprar medicamentos para la hipertensión.

Nos hablaron del poder ciudadano; hoy el que se rebela contra ellos tiene segura la cárcel, el exilio forzado o la tumba.

Nos hablaron de la clase obrera; hoy los médicos y profesores ganan menos de 6 dólares al mes.

Nos hablaron de libertad de expresión; ellos han cerrado medios, persiguen y encarcelan y hasta asesinan periodistas por hacer su trabajo.

Nos hablaron de la autodeterminación de los pueblos; hoy tenemos injerencia de Cuba, China, Rusia.

Nos hablaron de libertad; hoy más de 4 000 000 de venezolanos han huido de estas fronteras; por avión, por bus, y caminando.

Defraudaron una y todas las veces que les dio la gana a cada uno de los individuos que les dio su voto, pero también su  confianza con la esperanza de que su plan sí funcionaría para sacar adelante a Venezuela, pero el daño ocasionado hoy parece ser irreversible. 

Se comportaron como animales con poder, se burlaron de todos, produjeron intencionalmente el hambre y la muerte de millones de venezolanos. Luego de 20 años, la salida de estas mafias parece no tener vuelta atrás. 

Sin embargo, parece que tanto dolor ha sido necesario para que mi país y mis conciudadanos entiendan de una vez por todas que el socialismo es una estafa y que la libertad es lo que funciona; que la prosperidad va a llegar y que  será gracias al esfuerzo y trabajo honesto que cada uno de nosotros esté dispuesto a dar. 

Una vez que tengamos un país libre, nunca más permitiremos darle poderes y cheques en blancos a hombres que prometen para no cumplir; y nuestro rol será el de ser vigilantes constantes de cada paso que den, no solo a nivel de política interior sino que también estaremos atentos a los acuerdos internacionales y relaciones exteriores.

¿Será fácil? No.

¿Será pronto? Quizás.

¿Funcionará? Sí.

¿Lo vamos a lograr? ¡Por supuesto que lo vamos a lograr!

 

*María Oropeza es abogada y coordinadora juvenil de “Vente Venezuela”.

 

Fuente