“El mundo está mirando que vamos a hacer los argentinos”, manifestó Mauricio Macri en un acto esta tarde. (Fotomontaje PanAm Post)

El presidente argentino, Mauricio Macri, visitó la exposición de ExpoAgro y realizó algunos anuncios relativos a los intereses agropecuarios, tan perjudicados por la voracidad fiscal gubernamental. Justamente, el campo fue el sector que se vio beneficiado por las reducciones graduales de las retenciones, que volvieron a foja cero con la crisis del año pasado. Cuando el Ejecutivo volvió al esquema impositivo kirchnerista lo hizo con culpas: “Sabemos que es un impuesto malo, pero es una emergencia”, “las retenciones son el último esfuerzo temporal”, fueron algunas de las frases del presidente, cuando tuvo que retroceder ante una de las pocas cosas concretas en las que se diferenciaba del gobierno anterior.

Por estos días, Macri está volviendo a insistir con la dicotomía que lo caracterizó durante sus primeros años de mandato: el discurso correcto, pero la nula correlación con las políticas de su gobierno. “No se entiende que poner un impuesto todos los días en vez de bajar un gasto nos corta las piernas”, resaltó el presidente, como si no fuera él el presidente.

“Este es un año fundacional para nuestro país. El mundo está mirando qué vamos a hacer los argentinos, si ratificamos el rumbo, si decimos que esto va en serio o vamos a tomar un atajo con una solución que no pasa por trabajar en equipo y dialogar”, señaló ante los hombres del campo.

Pero frente a estas manifestaciones cabe preguntarse cuál es el rumbo al que hace referencia el presidente argentino. Al igual que el proceso que realizó el kirchnerismo, el modelo de Cambiemos es absolutamente inviable en el tiempo. La propuesta política de Cristina Kirchner, si bien muchos perciben que por aquellos años se vivía mejor, es de corto plazo y está condenada al eventual colapso. Subsidios delirantes de tarifas financiados por emisión, sustitución de importaciones, desinversión energética, inflación generada por expansión monetaria descontrolada, “precios cuidados”, control de cambios e índices falsos…todo era una bomba de tiempo. Pero el explosivo quedó a punto de estallar en diciembre de 2015 y no le quemó las manos a Cristina.

Al asumir Macri, el nuevo gobierno consideró que la imagen en el mundo sería tan fuerte, que una “catarata de inversiones” incrementaría los recursos de las arcas públicas, solucionando el problema del déficit fiscal sin acudir a ningún “ajuste” ni tomar ninguna medida “impopular”. Pero la confianza no fue suficiente, y sin reforma laboral ni impositiva, nadie vino a realizar inversiones de peso. Luego de muy pocos y humildes avances, el sacudón de 2018 destruyó los pobres logros y dejó al gobierno en la cuerda floja, en los brazos del Fondo Monetario Internacional. Hoy, el único plan de Cambiemos es sobrevivir hasta las elecciones. No hay que ser un gran analista como para darse cuenta que utilizar la herramienta del endeudamiento como para solventar gasto corriente y para mantener el dólar medianamente estable, no es una política de largo plazo. Al igual que con el kirchnerismo, de persistir en este camino el iceberg en algún momento golpeará y hundirá el bote argentino.

La situación es tan clara que es inimaginable pensar de que Mauricio Macri considere que, de conseguir un segundo mandato, debe seguir en el mismo rumbo. A lo único que puede hacer referencia el presidente argentino es a no volver a un populismo autoritario, pero el rumbo que eligió su gobierno fracasó y él debe saberlo mejor que nadie.

Pero de ser reelecto, gracias a la polarización con Cristina, Mauricio Macri no estará en las mismas condiciones de 2015 para emprender las reformas necesarias en un hipotético segundo mandato. La Unión Cívica Radical, principal aliado del PRO en Cambiemos, en lugar de incentivar al presidente en el camino correcto, pretende llevar al gobierno hacia las mismas soluciones mágicas que busca el kirchnerismo. Pero como si esto fuera poco, la UCR ya no se conforma con formar parte de la alianza parlamentaria y con algunas candidaturas locales: el centenario partido argentino pretende imponerle el compañero de fórmula a Macri y cogobernar desde el Poder Ejecutivo. El radicalismo ya se plantó y Macri sabe que sin ellos y su despliegue territorial no tiene chances en una elección pareja.

Lo que pase por la cabeza del presidente, lo sabe solo él. Desde afuera podemos presumir que conoce en detalle las dificultades, que tiene claro que su plan no funcionó y que debe hacer algo completamente distinto, de tener la oportunidad. Sin embargo irá a la pelea electoral de la mano de socios complicados y, de triunfar, tendrá menos posibilidades de hacer lo que debía hace más de tres años. Para ver una solución de la mano del actual presidente, es necesario esperar que incumpla sus promesas de campaña y que defraude a sus socios políticos desde el primer día de su segundo mandato. Todo esto sin contar con la milagrosa aparición del carácter y la valentía que le faltó a su gestión comenzada en diciembre de 2015.

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